abril 13, 2012

17 Andrés


Andrés cierra un libro que está sobre la mesa. Su aspecto es diferente, y algo más joven. Coloca el libro en la estantería del salón, y ordena cosas sobre la mesa. La estancia está ordenada pero sucia, y llena de muebles antiguos.

Andrés está en el cementerio, con la vista fija en uno de los nichos. Andrés pone su mano en la pidera.

Andrés está sentado en una caja, en una estancia muy oscura, hablando mientras mira al frente.

- No fue el causante o, al menos, no llegó a saltar. Pero que haya muerto me libera lo justo como para concentrarme en una última cosa antes de morir: matar a Fael.

Andrés está en la calle, rodeado de gente, inmóvil, con los ojos fijos en un hombre que se mueve muy despacio entre la multitud.

Andrés está en un salón elegante, tomando té frente a una señora anciana.

- Vengo a despedirme -.

En ti, ese concepto es muy frágil, hermanito – responde la señora con una sonrisa.

- Esta vez es de verdad, es para siempre. Por eso estoy aquí -.

La mujer borra su sonrisa. – Pero, ¿por qué? Bueno, puedo entenderte, ahora sí puedo. Lo que no entiendo es ¿por qué ahora? –

- Por lo mismo que tú seguramente: porque ya lo dejé todo hecho -.

La mujer le sonríe. Andrés se levanta y le abraza.

Andrés le da un abrazo a un joven apuesto, vestido con ropas largas. Están en el salón.

- Eres idéntico al jóven que conocí – le dice el hombre.

- Tú sin embargo estás muy cambiado – responde Andrés, y los dos se ríen.

- ¿Preparado para una última caza? -

- Un cazador nunca pierde su instinto, tan solo su tiempo. Y de lo segundo, podemos perder todo el que queramos…. -.

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