abril 27, 2012

19 Donde iremos


Andrés y Paul corren con los policías siguiéndoles de cerca, saltan hasta el suelo y se mezclan entre los coches del aparcamiento. Los policías llegan más tarde, torpes, persiguiendo a Andrés que les despista corriendo en círculos, mientras Paul puentea una moto, la enciende, pasa junto a Andrés y este se monta, alejándose ambos de la escena.

La moto corre vertiginósamente por la carretera, adelantando al resto de vehículos, sin rastro alguno de los policías.

- Sal por la siguiente – dice Andrés -, sabe que todavía le estamos siguiendo, así que buscará un lugar donde tenga ventaja. Y creo que irá a donde creo que irá -.

El ruido del motor rompe la monotonía del cementerio. Paul conduce la moto lento por los pasillos, entre las tumbas.

- Abre bien los ojos, puede que esté por aquí -.

Una señora pasa junto a la moto, mirando a ambos disgustada. Andrés observa los ojos de la señora con atención, y continúa buscando con la mirada alrededor.

Andrés se baja de un salto y corre hacia la puerta del faro. Paul detiene la moto y corre tras él.

Fael corre escaleras arriba con gran rapidez. Se detiene a mirar por el hueco y ve a Andrés y a Paul subir a gran velocidad.

Andrés golpea la puerta de la entrada a la estancia abandonada del farero, y es golpeado por un bate de madera. Andrés cae y se desplaza por el suelo, dando su cabeza contra un sofá viejo de color verde. Fael salta sobre él, le quita el cuchillo y se lo clava en el corazón. Su sangre salpica el sofá.

Paul entra en la habitación y dirige una estocada contra Fael, que la esquiva con el cuchillo. Andrés observa la lucha entre los dos, mientras sus ojos se cierran, hasta que todo queda oscuro.

Paul asesta un par de cortes a Fael, y los dos luchan con destreza. Toda la estancia chirría y se desordena ante los embistes de los dos. Fael retrocede hasta una pared, y Paul intenta acorralarle para asestarle un golpe final.

Fael gira su posición con agilidad y deja a Paul contra la pared. Fuertemente y sin que pueda esquivarlo le clava el largo cuchillo en el estómago, llegando la punta hasta la pared, dejando a Paul sin poder separarse de esta. Rápido Fael le quita la daga y se la clava igualmente en el brazo, dejándole inmovilizado. Paul, sin mostrar dolor, le asesta una patada, y Fael le responde con un puñetazo en la cara.

Fael se aleja de él despacio, tranquilo. Paul le observa con rabia. Andrés entra corriendo en la estancia, totalmente desnudo, y con su apariencia algo cambiada, algo más joven. Pasa por encima de su anterior cuerpo, y golpea a Fael una y otra vez, y este retrocede hasta la ventana. Andrés corre, salta y golpea con las piernas a Fael, que cae hacia atrás por la ventana.

Fael está tumbado en la arena boca arriba, con la cara ensangrentada, mirando el faro que se proyecta en un cielo azul, ocupado solo por algunas gaviotas. Andrés se acerca hasta él y le observa.

- ¿Y ahora qué, pequeño, volvemos a empezar? -

- ¿Sabes? La otra vez creí haber dado con la retorcida solución para detenerte, pero me equivocaba: tu muerte es mucho más sencilla -.

- ¿Crees que porque alguien te haya dicho...? -

- Ya ha funcionado otras veces -.

- Esto no puede quedar aquí, pequeño, siempre queda un salto después del anterior. ¿Crees que esto te devolverá a la niñita? ¿Dónde irás ahora? No eres nada sin mi -.

- Al mismo sitio que tú, en breve, y quizás nos veamos. Pero, ten por seguro que esto no lo hago para recibir lo que me has quitado, sino por darte lo que te faltaba. Creeme, ahora sí, se acabó tu juego -.

- Tú ni siquiera has sabido jugar. Podríamos haber sido… -

- Y sin embargo, te he ganado, ¿no crees, pequeño? -.

Andrés se inclina hacia Fael y le arranca los ojos, mientras este grita por el dolor. El joven se retuerce tumbado en la arena, bajo el faro, y sus movimientos van disminuyendo paulatinamente.

Andrés camina hacia el faro.

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