noviembre 09, 2012

Sin retrovisor

El retrovisor baila de un lado a otro, mostrando la misma ciudad de siempre, pero ahora más caótica. Sergio conduce rápido, e intranquilo, perseguido en coche por Miguel.

En el chasis de su coche, un golpe provocado por Miguel justo cuando Sergio subía y lo ponía en marcha, y tras el golpe corría hasta el suyo, que también lo tenía cerca, y así hasta llegar a una persecución improvisada. El coche de Miguel le sigue de cerca, dándole empujones con el morro.

- Este no sabe dónde se mete - dice Sergio.

Su coche gira en unos árboles viejos y sucios, y avanza por una explanada, hasta una nave industrial. Antes de que apareciera el coche de Carlos, Sergio para el suyo a un lado, y se baja corriendo.

- Arlés, ¡Arlés! Me persigue un coche, que no baje vivo -.

Sergio entra en la nave, apresurado, a la par que un par de hombres buscan un arma y salen fuera, con estas semi ocultas. Un coche aparece a gran velocidad por la curva y se encamina a la nave. Los dos hombres dan unos pasos y apuntan levantando el arma. El coche frena en seco y da marcha atrás, ocultándose tras los árboles.

- Arlés, un teléfono -.

Un hombre manchado de grasa corre a una pequeña oficina y saca un teléfono fijo con el cable muy largo. Sergio cruza la nave, lavándose las manos con un pañuelo desechable, coge el teléfono y marca, mientras Arlés le mira.

- Padre. Estoy en la nave... ¡No me grites, no ha sido mi culpa!... Sé donde vive, si... De acuerdo... - Sergio cuelga y se dirige al hombre, que asiente - ¿tienes una moto? -

Sergio se asoma a la puerta de la nave. El coche de Miguel está parado, entre los árboles.

- Si se acerca, matadle. Pero no le busquéis, huirá seguramente. Dejadle ahí llorando. Ya irá a pos su sorpresa cuando vuelva a casa -.

Sergio se pone un casco y se monta en la moto. Conduce hasta salir por una puerta trasera. En la nave se hace el silencio. Arlés carga un arma y se pasea, observando el coche parado entre los árboles.

El coche comienza a avanzar despacio hacia la nave. Cuando está a tiro, los tres hombres disparan contra este. El coche sigue avanzando como si nada, hasta chocar contra la pared de la nave, formando un gran estruendo. Los dos hombres se acercan precavidos al coche, que está vacío. Arlés mira hacia los árboles, buscando alguna figura.

Unos pasos rápidos suenan detrás suya y, mientas se gira, recibe el golpe de una barra metálica en la cabeza. Miguel coge su arma, se asoma por la puerta de la nave y dispara sin ton ni son hacia los dos hombres, que caen al suelo.

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