diciembre 07, 2012

De tal palo

Sergio atraviesa todo el jardín a paso rápido. En el porche un par de hombres le saludan escuetamente y le abren la puerta. Sergio entra en la casa y avanza por los suntuosos pasillos. En el salón le da un beso a su madre que mira la televisión, retraída, y sigue andando hacia su padre que habla por un teléfono colgado en la pared. Mihai cuelga el teléfono, se gira y le pega un fuerte golpe a Sergio en la cara con la mano abierta, quien se tambalea hasta sentarse en el brazo del sofá.

- A veces pienso que no te he enseñado nada -.

Mihai es grande, imponente, mayor pero con ojos jóvenes, penetrantes. Algo gordo, pero regio. Viste un traje gris, y se seca las manos con un pañuelo blanco. Del bolsillo le cuelgan unas llaves, las saca y las coloca en una mesita. Deambula por la estancia. Sergio le mira, frotándose la cara.

- Fue un accidente... -

- Fue un error. Tu error. Te dije que lo mataras, y en vez de eso te sigue y mata a Arlés, a Raúl y a David. Y se lleva tu coche -.

- Es un don nadie, podemos... -

- Es lo que ha hecho. Y lo que no va a hacer. He llamado al pintor para olvidarnos del tema. Mañana habrá muerto -.

Ioana se gira y mira a su marido, disgustada. Mihai la mira y frunce el ceño. Coge a Sergio del brazo, le levanta y le lleva hasta la cocina. Sergio se sienta. Mihai saca su pañuelo y se frota las manos.

- Así que preocupémonos de otras cosas, ¿recogiste la mercancía del taller? ¿Dónde está? Debemos tenerla lista antes de la reunión con Teban...

Mihai mira la cara descompuesta de su hijo. Sergio aprieta la mano contra la mesa de la cocina y titubea al intentar hablar.

- Estaba - dice bajo y despacio -. Guardamos todo en el maletero de mi coche -.

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