junio 14, 2014

De nuevo héroes

DE NUEVO HÉROES


Tuvimos suerte, lo reconozco, quizás nos tocaba tenerla. Llegamos al hospital, al caótico hospital llevado por un reducido grupo de voluntarios, pues la organización estaba en ese momento rota. Y allí me quedé.

Lo que pasó en los días siguientes fue la normalización del caos, pero no una normalización como vuelta a lo anterior, ni mucho menos.

Los “futuros muertos” fueron falleciendo, y la nueva población, la mayoría libre de la enfermedad, ocupando sus pertenencias, y levantando nuevamente sus negocios, algunos por que sí, por haberlos ocupado, otros presentando algún tipo de escrito, y otros enfrentándose a las improvisadas autoridades. Pero todo fue asentándose poco a poco, como el sedimento de un río, hasta llegar a un nuevo orden social con ricos y pobres, como siempre, pero como si la rueda que determina esto hubiera girado a suertes por un momento excepcional.

Comenzaron a refundarse los estados y gobiernos, algunos con variaciones, la mayoría sin que nadie le diese importancia. Y poco a poco fue retomandose el orden en las ciudades, mediante una nueva organización, y nuevos miembros. Y todo ello a través de una interculturalidad impactante: todos eran de todos lados, y cada uno con su lengua y costumbres, se comunicaba con todos, y así vivían.

El hospital en el que estaba, cuyo dueño mayoritario era el Señor Goodbridge, pasó a manos de Hellen, quien terminaría siendo la nueva dueña de todo lo que poseía esta familia.

Hellen estuvo cuidando del hijo de los Goodbridge, Nicolás, en la casa de las afueras, incluso después de que sus padres murieran. El ejército, antes de los grandes conflictos, exigió usar las tierras de la familia para establecer un campamento itinerante que reforzaría la labor en las fronteras. Y Hellen decidió mudarse al lujoso piso de la ciudad, junto al ya enfermo hijo de la familia.

El niño murió por un acusado cáncer, y Hellen permaneció recluida en el piso, por miedo a salir cuando comenzó la anarquía. Estuvo un tiempo incluso con el cuerpo del niño en el piso, hasta que en la calle las revueltas se calmaron, y pudo llevarlo al hospital, y mantenerlo en una cámara para mandar que fuera enterrado más adelante, en la finca familiar.

Cuando todo comenzó a tranquilizarse, muchos de los recién llegados estaban ansiosos por trabajar en lo que fuera, y Hellen supo ver esa oportunidad. Recopiló todos los papeles de la fábrica del Señor Goodbridge y empezó a movilizar todo para que pudiera funcionar cuando se volviera a la normalidad. Así fue como se convirtió en nueva empresaria, y miembro de la nueva alta sociedad.

En cuanto al hospital, también empezó a gestionarlo de nuevo, y a contratar personal, al principio igualmente voluntarios. Emile, desde que llegó conmigo, había estado de voluntario, atendiendo pacientes y organizando tareas.

Los dos congeniaron, y Hellen nombró a Emile director del hospital. Ante la creciente demanda de la nueva sociedad, los dos tomaron la decisión de “finalizar” la atención médica y hospitalaria de los “futuros muertos”, dando prioridad a los nuevos ciudadanos. Era el fin y la guinda de un ciclo de muerte, y algo que no juzgaré aquí aunque duela, puesto que yo, gracias al trato con Emile, permanecí en una habitación del hospital, de momento hasta la fecha.

Otra de las medidas fue la creación de la Fundación Nicolás, destinada a la investigación de lo sucedido, y con el objetivo de que no volviera a ocurrir. Una Fundación que tuvo repercusión y fue emulada en toda la Nueva Europa.

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