agosto 07, 2014

La primera de muchas historias


LA PRIMERA DE MUCHAS HISTORIAS

Y así volvimos otra vez a amar y morir en la misma medida, y a sentir un ansia de vida que nos convierte en lo que queremos ser, y a ser lo que somos, y aceptarlo, olvidando a veces las consecuencias que aunque no lo queramos, son también parte del resultado deseado.

Así ningún humano se queje. Así formamos esta nueva civilización, que con el poco tiempo que lleva no es ni mejor ni peor, en relación a que sea más “eros que thanatos”. Pero tanto uno como otro sea medido, pues nada hay malo en este mundo salvo el exceso, de ahí que el hombre sabio no sea el que sabe “qué” sino “en qué medida”. Aunque, eso es algo que les dejo comprobar a ustedes, pues yo no lo veré más allá de lo que viva….

Más o menos después de la fiesta de celebración de la Fundación Nicolás, Emile me diagnosticó dos meses de vida, que quizás con el tratamiento que me proporcionó, seis meses, o hasta un año. Pero, ahora ya no me importa en absoluto. Vivo cada día con la enfermedad, pero intensamente, disfrutando, absorviendo todo, aprovechando los días como nunca antes lo había hecho. Con la sensación de tranquilidad de haber visto mucho en la vida, incluso de más, en algún caso. Con pena por irme, por supuesto, pero sin miedo: lo había perdido durante el viaje. Y sobre todo, con la sensación de haber cumplido con mi objetivo.

Porque esta era mi meta: poder relatar de nuevo lo injusto del ser humano. Poder hacer pública mi historia y la de mi hermana. Poder haceros llegar este mensaje de amor hacia la vida que se abre paso entre la ausencia.

Con este escrito descanso, no como héroe, pues mayores hubo durante esta negra estapa de nuestra historia, ayudando y salvando a los que, como Ángela, sufrieron la maldad de quienes pierden el ser humano. Sino como un mero cronista, de una sencilla historia frente a las miles que existen, que seguirá escribiendo mientras pueda entender el pasado, para narrarlo a un futuro que nos mira.

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