noviembre 07, 2014

01 El último mosquito

- Me voy a quedar aquí hasta que me pique un mosquito -. Dijo Zariel en voz alta, aunque nadie le escuchase.

Las últimas horas de la tarde habían despejado el parque, que recibía ahora un trasiego pequeño de, sobre todo, corredores que hacían deporte olvidando sus rutinas del día, curiosamente, realizando una.

Todos se movían de forma mecánica, estudiada para Zariel quien conocía con seguridad el secreto: ellos no eran humanos, el sí.

A sus 17 años le pesaba demasiado permanecer siempre en casa, encerrado, huyendo del control de estos seres que actuaban de forma mecánica. Pero el estricto horario de su padre le obligaba a ello, protegiéndole así de posibles controles rutinarios o adoctrinamientos de la sociedad en la que se veían envueltos. - Tenemos que permanecer unidos, ocultos, humanos. Alejarnos del resto de seres, hasta que encontremos una nueva esperanza para nuestra raza -.

Pero ahora se saltaba la orden de su padre tan solo para sentarse en el parque y observar un exterior vetado para él.

- Tan solo serán unos minutos, no pasará nada -. Había comprado lo que le había pedido su padre en la mitad de tiempo, y disponía de margen para poder regresar a casa. - Tan solo quiero que me pique un mosquito, ¿o es que acaso yo tampoco soy humano? -.

Esa última reflexión ya le había asaltado más de una vez, pero su padre les repetía una, y otra, la historia de cómo habían sobrevivido como familia, ellos eran los únicos que quedaban.

- Me quedaré hasta que me pique un mosquito -, pero este no llegaba, y Zariel seguí absorto en aquel vaivén ciudadano, arrastrado por una fuerza que desconocía, y le gritaba - ven a correr, viste como nosotros, ríete con nosotros, háblanos de nada,...." -

Uno de los corredores se detuvo a respirar y giró la cabeza hacia el banco donde Zariel observaba hipnotizado. Al verle, Zariel se levantó apresurado y se alejó.

- No ha pasado nada, no ha pasado nada, no ha pasado nada - se repetía mentalmente.

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