febrero 06, 2015

07 Sangre

- Tú estás colado por Clara -.

- Otra vez, que no -.

- Venga hombre, si no paras de quedar con ella -.

- Hombre, si estamos saliendo es lo normal, ¿no? -

- Ya, si estás saliendo, y estás colado -.

Los amigos de Zariel charlaban sentados en el banco del parque de su barrio, mientras comían pipas. Zariel, sentado, intervenía en la conversación lo que le apetecía, que era más bien poco. De vez en cuando miraba el reloj, para no pasarse de la hora destinada a estar con su grupo de amigos en el parque, atendiendo a las instrucciones de su padre.

- Bueno, yo tengo que irme -, dijo cuando el tiempo terminó.

- Joder Zariel, pareces la puta cenicienta, siempre haces lo mismo -.

- Y en punto como un reloj portugués, ¿qué eres un robot o qué? -

Un escalofrío recorrió todo el cuerpo del muchacho, mientras se le secaba la garganta. Cerró los ojos, los abrió y contestó de carrerilla.

- ¿Qué quieres que haga? Tengo que ayudar a mi madre o mi padre se enfada cuando llegue del trabajo -.

Mientras se levantaba del banco en el parque entraba Lara usando un monopatín. Un nuevo escalofrío le recorrió el cuerpo pero esta vez era muy distinto, más bien cálido.

- ¿Es Lara? Qué buena está la tía -.

- Oye, es amiga de Clara, ¿verdad? Podrías pedirle que me la presente -.

Zariel no oía a sus compañeros. No oía nada. Tan solo miraba a la niña que aceleraba en una pequeña rampa y, entonces, se cayó. Tan solo se acercó corriendo un padre que estaba con su bebé, pero ella le indicó que estaba bien, y se sentó en el suelo mientras se miraba la rodilla.

Los amigos de Zariel se reían de ella. Él observaba a Lara, su expresión de dolor, después de despreocupación, y como se ponía en pie sin dificultad, y buscaba su monopatín. También miraba su rodilla desnuda, marcada ahora por una herida que sangraba.

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