febrero 27, 2015

10 La historia del extraño viento

Zariel y Alicia observaban un dibujo en el que una muchacha observa un prado, y el viento soplaba. La madre le explicaba a Alicia que el dibujo lo realizó Zariel cuando tenía su edad, y que lo hizo a partir de una fotografía que le tomó a ella su marido. La madre salió del salón y regresó con la fotografía, prácticamente igual que el dibujo.

La madre era mucho más joven, tal y como les explicaba a los niños, y en su vientre ya estaba Zariel, pero no se notaba. En la imagen estaban de vacaciones, habían salido de la ciudad unos días, y entonces sucedió. Zariel se sabía la historia de memoria, de tantas veces que la habían contado su padre, su madre, o ambos a la vez:

Antes de todo, sopló un viento, un único soplo largo que movió toda la flora, pelos y ropa, y levantó hojas y tierra. Después vimos con claridad la explosión, una columna roja que subía y a la que le seguía humo negro. Después vino el ruído, un estruendo sin igual que silenció todo lo demás. Y después, la tormenta.

- El cielo se volvió gris negro, y llovía, cayendo las gotas más largas jamás vistas. O tan solo era una impresión. Mientras tanto a lo lejos el fuego y el humo parecían buscarnos para darnos caza, pero nunca sucedió -.

Después anunciaron lo que había pasado por todos los medios durante mucho tiempo: la explosión de una central en las afueras, que había devorado una ciudad vecina al completo, pero que la rapidez de la actuación del gobierno y sus profesionales había permitido que el mal no se extendiese, y sería aislada por completo.

- No nos lo creímos. Vuestro padre comenzó a investigar a partir de ese suceso. Y lo descubrió -.

Zariel terminaba unos ejercicios en su libreta. Alicia seguía observando la fotografía, con admiración hacia la hermosa muchacha que era su madre, y con miedo al bucle de viento que se había inmortalizado en esta.

- Me encanta esa foto no solo porque está tomada en un momento en el que no existía toda esta locura, sino también porque capta a la perfección ese momento justo, a ese viento culpable que predijo la catástrofe, o que la causó. Mirad, ahí esta, pese a ser aire, no se puede esconder -.

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