abril 24, 2015

14 En mi mente, en tu mente

Algo iba mal. Algo había cambiado. Algo no estaba como debía estar, o fuera de su lugar, pero estaba, porque su presencia era lo que notaba, como una pesa de ejercicios dentro del cuerpo que a cada paso se abre un nuevo hueco en este, hueco en el que no encaja, ni lo hará.

Algo iba mal, pero no era él, pensaba Zariel. Él sabía que no era él, no podía ser, seguía como siempre había sido. Los cambios venían de fuera, eso es lo que percibía.

Sin embargo miraba a su alrededor y sabía que algo era distinto en las personas, aunque no supiese qué. ¿Qué sabían?

Además su padre parecía distinto, ¿qué ocultaba? Había dejado de hacer muchas cosas que en el día a día de Zariel resultaban normales, pero no sería así en una observación ajena a su familia.

Y ¿por qué? ¿Por su acercamiento a Lara? No, no podía ser, nadie lo sabía, a penas se notaba, y ella no habría dicho nada, no, porque ella no era uno de los suplantados, no lo era. ¿O quizás sí? En tal caso, ya estaría toda su familia muerta. Zariel pensaba que tenía que encontrar alguna forma de asegurarse de que ella era como él, humana, superviviente de la explosión, superviviente de aquel extraño viento. Pero, ¿cómo? No, ella no era como los demás, en su interior lo sentía. Algo sentía en su interior.

Zariel se paseaba por el centro comercial mirando las caras de las gentes. Hacía ya rato que Lara se había ido con sus amigas, a las que había observado también. Y aunque se estaba saltando el plan de su padre, allí seguía Zariel. Ya se le ocurriría alguna excusa.

Por las galerías, y tiendas, y escaleras mecánicas, y vestíbulos, Zariel iba de un lado a otro, como un paseante más, disimulando los cambios de dirección y sentido que, en un observador curioso, resultarían inquietantes.

Pero tenía que observar, observar a esa masa suplantada, a esas máquinas o lo que fuesen, tampoco lo supo con exactitud su padre antes de elaborar el plan, cuando descubrió todo lo que había pasado, o cuando descubrió "la tormenta", como él lo llamaba. Zariel buscaba respuestas mirando a esas pseudo personas que parecían como humanos corrientes y molientes pero que, en su cabeza, como en la de su padre, no lo eran, y que realmente encerraban mentes adoctrinadas.

Mentes adoctrinadas a punto de estallar.

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