mayo 29, 2015

19 Arena

La puerta de la casa se abrió con estruendo al paso del padre de Zariel, que tiraba de este. La madre se acercó y el padre le apartó de un empujón.

- ¿Qué pasa? -

- Haz las maletas, nos vamos -.

El padre condujo a Zariel hasta su habitación y le arrojó dentro, sacó una maleta del armario y la abrió encima de la cama. Mientras, Zariel se dejaba llevar con una ira contenida. Apretando los labios, desviando los ojos, y resoplando entrecortadamente.

- ¿Cómo que nos vamos? -

- Papá qué pasa -. Alicia miraba de lejos, con los brazos cruzados, con miedo.

- Nos vamos. Esta casa ya no es segura -.

- Pero si ha sido segura todo este tiempo, ¿qué está pasando? -

- Haz las maletas. ¡Ahora! -

- Vamos Alicia -.

- ¿Pero qué pasa? - La madre y la hija salieron de la habitación.

- Que padre es uno de ellos, eso es lo que pasa -. Dijo Zariel casi susurrando. Su padre le contestó con un bofetón y Zariel le observaba, respirando más profundamente, con sangre en el labio y la piel del cuello roja.

- Cierra la puerta -. El padre indica a la madre, quien cierra la puerta del cuarto de Zariel y cierra el pestillo de esta. Luego cogió a Alicia de la mano y se fueron del salón hacia la habitación.

El padre cogió a Zariel de la cabeza y le empujaba poco a poco hacia su maleta.

- Vas a hacer la maleta como los demás. Por tu culpa esta casa ya no es segura. Debería dejarte aquí para que te encuentren -.

Zariel logró zafarse y, sacando toda su rabia contenida, y le empujó con todas sus fuerzas.

El padre perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, golpeándose contra la pared, junto a un escritorio, junto al terrario.

Zariel cogió el terrario, lo alzó y lo soltó contra la cabeza de su padre, al tiempo que este se agitaba para intentar apartarse, pero sin éxito.

Los cristales invadieron la habitación con un sonido seco, sordo, quizás debido a la cantidad de cosas extrañas que rodeaban la escena, o por la cascada de arena que acompañaba los cristales.

Zariel miraba a su padre respirando fuerte, con la mirada perdida, pero con cierto aire de tranquilidad. De la frente le brotaba una gota de sangre, que se secó con el brazo. Las manos también le sangraban.

Su padre estaba tumbado, convulsionando ligeramente, con la cabeza desfigurada con cristales clavados, arena por todos lados, y sangre, mucha sangre.

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