diciembre 18, 2015

Mirando el interior


Hace mucho tiempo existía una manada de caballos en el norte de áfrica que vivían felices dentro de su comunidad. Todo transcurría con normalidad y tranquilidad, dentro de un orden de comida, paseos y sueños, sin ningún problema: un lugar perfecto para vivir.

Un día algo alteró ese orden: nació uno de los caballos con unas extrañas rayas negras por todo el cuerpo. En la escuela, los demás potros se reían de él.

- Qué raro eres – le decían. Y nuestro pequeño animal se sentía muy solo y triste, y quiso alejarse de aquel lugar, porque creía que no encajaba. Pero no todos pensaban igual.

- No te preocupes Cebra. – le dijo un caballo a nuestro protagonista, ya que ese era su nombre – Claro que eres diferente, todos los somos, solo que a ti se te nota a simple vista. Todos somos especiales de una u otra forma y si ahondáramos más en los demás lo descubriríamos. Si quieres, para que te sientas mejor, me pintaré unas rayas negras para parecerme a ti.

Y no fue el único, porque desde entonces en aquella comunidad se pusieron de moda esas rayas negras que hacían diferente a nuestra Cebra. Pero, lo mejor de esta historia es que, desde entonces, aquellos animales intentaron conocer mejor aquello que los hacía únicos no a simple vista, sino mirando en el interior.

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