diciembre 04, 2015

Un rato(n) de amistad


En un viejo bosque existía un búho que pasaba todas las noches observante, siempre desde la misma rama. Con el tiempo se había hecho un animal muy reservado, y se pasaba largas horas entre los árboles, solo y triste, tan solo observando el bosque.

Un día vio como un ratoncito quedaba atrapado entre las ramas secas, y decidió acercarse para ayudarle a salir.

- Muchas gracias Búho – le dijo el ratoncito – si no hubiera sido por su ayuda no habría conseguido salir de aquí. Buscaré la forma de devolverte el favor.

- De nada ratoncito – le contestó el búho –, pero no te preocupes, no es necesario que  me devuelvas el favor. Salvarte bastó para salir de mi triste rutina.

Pero el ratón, insistente, volvió desde aquella vez todos los días, al menos un ratito para, junto al búho, pensar cómo podría devolverle el favor.

- ¿Qué podría hacer, siendo yo tan pequeño?

- No te preocupes, no es necesario… - respondía con cariño el búho.

Y al no ocurrírsele nada, terminaban siempre hablando de otras cosas: día tras día el ratoncito hacía compañía al búho, hablándole de mil cosas entre idea e idea de cómo devolverle el favor.

El búho estaba muy contento de tener al ratoncito que, sin darse cuenta, ya le había devuelto el favor de sobra. Le había dado lo que más necesitaba: un amigo.

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