febrero 19, 2016

Miguitas de amor


Un pequeño ratón vivía feliz en su ratonera situada en una casa antigua. No era el único que vivía en aquella casa, pero quizás si el más conocido por todos, ya que siempre estaba alegre, y siempre procuraba una sonrisa para todos sus compañeros ratones.

Tenía su pequeña casita muy bien situada. Todos los días salía a dar una vuelta y conseguía reunir una gran cantidad de miguitas de pan, más de las que él podía comer en un solo día. Iba de miga en miga, correteando feliz, y transportándolas hasta la despensa de su casa, que se llenaba enseguida. Realmente era muy afortunado por vivir en aquella zona, donde seguramente los dueños humanos de la casa comían, o preparaban la comida.

- Hola ratoncito – le dijo otro ratón, que vivía en la escalera - ¿tendrías algo de comer para mí? Mi familia no ha encontrado nada y tenemos un poco de hambre.

- Por supuesto, toma unas cuantas migas de pan – le respondió nuestro protagonista – y si mañana tampoco encontráis nada, venid por esta zona, que hay  mucho, o pedirme nuevamente.

- Pero, ¿no quieres nada a cambio? – le preguntó.

- ¿Por qué tendrías que darme algo a cambio? Aquí hay comida de sobra que aparece sin nada a cambio, yo la cojo totalmente gratis, ¿por qué no darla igual?

- Muchas gracias ratoncito – le contestó.

Y desde entonces él y muchos otros ratones acudían a aquella zona para repartirse entre todos los habitantes de aquella vieja casa, las miguitas de pan que caían.

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