marzo 04, 2016

El tiempo es el que cuenta


Un pescador acudía todos los días, siempre a la misma hora, a pescar a una zona muy poco frecuentada. Solo gozaba de la compañía de un Alcatraz que esperaba en una roca, observando, para acompañar en la pesca al hombre, y llevarse así algún bocado.

A este le hacía mucha gracia ver al ave allí, siempre puntual, empezando junto a él la jornada. Parecía que ambos sabían que justo esa hora del día era el mejor momento para pescar, el punto exacto de la jornada en el que los peces nadaban ajetreados cerca de la superficie.

Pero fue pasando el tiempo y el pescador observó como el animal se retrasaba, día a día, cada vez más. Empezó llegando un minuto tarde, algo que no le sorprendió al hombre quien sí llegaba justo a la hora, y le siguió unos minutos, quince, media hora,…

- Vaya, Señor Alcatraz, vuelve a llegar usted tarde. ¿Cómo es eso, si empezó llegando a la hora en punto? ¿Cómo es que se retrasa?

Un día en el poblado del pescador anunciaron que tenían todos que retrasar los relojes una hora, que había que cambiar el horario para poder aprovechar mejor la luz de la nueva estación. Fue entonces cuando lo comprendió.

Era el Alcatraz el único que llegaba siempre a la misma hora, mientras que él intentaba medir la impuntualidad del animal con un reloj. Desde entonces el hombre fue amoldando su horario para llegar a pescar cada día justo cuando llegaba el Alcatraz....

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