marzo 11, 2016

La fuerza del día a día


Llegó a la selva un nuevo animal, una Pantera que quería unirse al resto de animales que la habitaban. Pero, para hacerlo, debía tener un trabajo.

- No os preocupéis – llegó diciendo el animal – yo soy muy fuerte, dadme el trabajo más costoso que tengáis y lo realizaré sin esfuerzo alguno -.

- Muy bien Pantera – le dijo un tigre que organizaba los trabajos – Irás a la falda de aquella montaña. Allí encontrarás a otra pantera encargada de mover las rocas más pesadas que se desprenden: es el trabajo más duro.

El recién llegado se dirigió hasta allí – voy a hacer el trabajo más duro, pero seguro que no me costará porque yo soy muy fuerte -.

Cuando llegó se encontró con la otra Pantera, quien le explicó en qué consistía el trabajo, y se puso zarpas a la obra. Realmente era un animal muy fuerte, y conseguía mover las piedras más pesadas, e incluso más rápido que ningún otro animal. Pero, conforme fueron pasando los días, sus fuerzas se debilitaron.

- No es que esté cansado porque me fallen las fuerzas – terminó diciéndole a la otra pantera un día -, sino que no puedo más con esta rutina, esto es siempre lo mismo. ¿Cómo puedes soportarlo?

- Es fácil, amiga mía: – le contestó – ser fuerte no es aplicar toda la fuerza en un solo acto, sino sacar para cada acto la suficiente fuerza. Y hay muchos sitios de las que sacarla, no solo de los músculos.

Desde entonces nuestro fuerte animal aprendió a dosificar sus fuerzas, y a apoyarse cada día en todo aquello que le animasen a afrontar la dura tarea.

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