marzo 25, 2016

Se anda mejor con una sonrisa


Por una selva, en los Andes, caminaba un grupo de niños que se dirigía hacia la escuela en su primer día de clase. Seguir la ruta no era fácil ya que se adentraba, débilmente señalada, entre árboles y matorrales, seguidos de pendientes, un puente de madera y un barrizal, que a veces estaba seco, y a veces no.

Pero los niños eran valientes, y no tuvieron problema alguno. Salvo en un pequeño momento de duda en el que, rodeados de árboles, no estaban seguros de qué camino seguir.

- Mirad cuantos animalitos – gritó uno de los más pequeños, al ver correr a un montón de pequeñas y graciosas Chinchillas, apresurándose con la llegada de los humanos para refugiarse cada una en su árbol, en lo que tenían por casa. Todas estaban asustadas, todas miraban a los niños con miedo. Todas, salvo una: uno de los animalitos, desde su árbol, observaba a los que se habían perdido, con una extraña expresión en la que se le dibujaba una sonrisa.

- ¿Por dónde es ahora? – Preguntaban, - ¿Nos hemos perdido? – pero no había respuestas. – Creo que es por ahí. – No estaban seguros, – y yo que por allí – pero no se rendirían tan fácilmente.

- Iremos por allá – dijo finalmente el más grande, y se marcharon aquel día, tomando el camino que había dicho este último. Y gracias a que estuvo en lo cierto, llegando bien a la escuela.

Y es curioso: cuentan como al día siguiente, tomando el mismo camino, llegaron al mismo punto rodeado de árboles, donde volvieron a tener dudas de por dónde continuar.

- ¡Es por allá! – gritó rápidamente uno de los más pequeños -, ¿no veis aquella Chinchilla que nos sonríe, desde aquel árbol? Ayer tiramos por al lado de ese árbol. ¡Es ese el camino!

Todos los animalitos corrían a refugiarse siempre en el mismo lugar. Fue así como tomaron la referencia, con una Chinchilla que parecía sonreírles, para caminar todos los días hasta su escuela, andando ellos también con una gran sonrisa.

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