abril 22, 2016

Conciencia y Paziencia


En el corazón del bosque, allí donde la paz era alimento, vivía un pequeño y sabio Grillo, en su pequeña y dulce casita de arena, junto a un árbol.
Vivía tranquilo, sin problemas, pero no ocurría igual con los animales grandes, sobre todos cuando apretaba el calor: el agua escaseaba y el humor se calentaba.
Cansado de que aquellas disputas removiesen la tierra, y por tanto su casa, decidió intervenir en una de estas, intentando detener a un Rinoceronte y a un Elefante que discutían. El Grillo cricó y cricó hasta que los dos animales pararon, asombrados por la fuerza del ruido de un ser tan pequeño.
- ¿Por qué chillas Grillo? –
- Para demostraros mi descontento. ¿Es que acaso no podéis dejar de pelearos? ¿No os dais cuenta que no conseguís nada luchando por el agua de todos, salvo sentiros con más sed? ¿Por qué no podéis vivir en paz? Por eso chillo, y lo haré a partir de ahora cada vez que apriete el calor, rompiendo la tranquilidad, para recordaros así, cuando se os olvide, lo hermosa que es la paz -.
El Elefante y el Rinoceronte se alejaron de allí cabizbajos, avergonzados de haber peleado por una tontería. Y el pequeño Grillo siguió con su cri-cri, sonido que provocaba hasta en la más feroz de las fieras, que de otra forma estaría peleando, el deseo de que llegase un tiempo de tranquilidad.
- ¿Por qué no callará? ¿Por qué no nos dejará un rato en paz? -

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