abril 08, 2016

El Martín más Pescador


Era un río de árboles frondosos cuyas ramas se inclinaban para beber de este. Allí vivía un gran animalito, un pequeño pájaro conocido en los alrededores por ser el mejor pescador de toda la ribera: era el único que podía cazar siempre, el que mejor se alimentaba, capaz de coger la pieza que quería, en el momento que quería.
Todos los animales que se acercaban al río a por comida le observaban. El pájaro estaba inmóvil en una de las ramas, observando el agua, tranquilo. Y ninguno lo entendía…
- ¿Cómo puede ese animalito pescar siempre, y no parecer cansado? – Decía un joven cocodrilo – Y yo que llevo aquí toda la mañana persiguiendo peces, solo he conseguido un bocado. Es imposible. Bah, me voy a tumbar al sol, para reponer fuerzas -.
- Yo podría pescar lo mismo que él, estoy segura – decía una nutria – pero ahora mismo no, porque estoy ocupada construyendo mi madriguera. Quizás más tarde os lo demuestre -.
- A mi me gustaría cazar también aquí, los peces son mejores – hablaba un osezno – pero si no es en los rápidos, como me enseñó mamá osa, no sabría dar ni con un salmón con patas -.
- Yo, porque no lo necesito – decía un pequeño zorro que se moría de hambre -, me basta con coger conejos. Si fuera como vosotros, ya habría cogido más de un pez -.
Y mientras el resto de animales seguía preguntándose cuál sería el secreto que le permitía pescar lo que quisiese y en abundancia, aquel pájaro seguía inmóvil, en su puesto, mirando el río, esperando el momento adecuado para lanzarse al agua, y pescar.

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