abril 15, 2016

Se es puma


En toda la selva no había existido un animal más bonachón. Los pumas eran conocidos por su fiereza y fortaleza, e incluso a aquel joven Puma le tenían miedo, pero ni siquiera sería capaz de matar a una libélula.
Y siguiendo a una, precisamente, fue cuando se encontró con un par de chacales que trataban de robar a un jabalí.
- Esfúmate gato – le decía uno de los chacales – tu libélula se fue por allí -.
Los animales más temidos estaban acostumbrados a la presencia de aquel Puma que, aunque peligrosa, nada debían de temer ante su inocencia.
Pero algo cambió aquella vez. El Puma, por lo general despistado e indiferente, notó que a aquel pobre animal se le estaba haciendo daño, y eso le disgustó. Se sentó y observó quieto y en silencio, con una cara seria de desaprobación.
- ¿Qué te pasa Puma, quieres ayudar? – preguntó el otro chacal entre risas, pensando que quizás este querría intervenir en la fechoría.
Pero el animal seguía observándoles, disgustado, sin moverse, hasta que los chacales, desconfiando de sus fuerzas, desistieron.
- No vale la pena, todo tuyo – decían mientras se esfumaban – nosotros ya nos aburríamos -.
Y el Puma cambió la cara, contento por su labor. El jabalí se lo agradeció, y le aseguró que la selva sería mucho más segura si animales como él hacían lo mismo.
Desde aquel día el Puma decidió estar más atento a lo que pasaba a su alrededor, y no dejar de mirar a aquellos que hacían daño a los demás, hasta que se esfumaran.

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