mayo 13, 2016

El lobo y la luna


Corretea un joven lobo entre árboles, entre hojas, en su hogar, a la par de un despreocupado viento que le acompaña en su juego infantil, meciéndole el pelo, silbando melodioso.
Despreocupado ingenuo, descubriendo la vida, el Lobo se detiene curioso, observando a lo lejos la luna y su reflejo. Tras la duna se ocultaba mientras mengua la, en otra noche, llena esfera blanquecina. Y el Lobo aúlla: “¿qué te pasa, Luna?”
En pos de su auxilio, corre el Lobo hacia la Luna que tras esta, y nuevamente, haya a la Luna escondiéndose, en el horizonte desde donde admira al joven Lobo y su arrojo, su entrega: “No corras Lobo, volveré a estar llena”.
Y así, monte tras monte, persigue el animal a la Luna, creyéndola en peligro, sin llegar a alcanzarla. Sin más respiro que las noches en que entera, la Luna sonríe al Lobo, que aúlla satisfecho: “No mengues Luna, permanece llena”.

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