mayo 20, 2016

En lenta compañía


Ocurría todos los años, cercano al invierno, que los animales de la fría zona del Lago del valle emigraban al bosque y al río, más al sur, una zona algo más cálida para pasar la estación y sus inclemencias.
Era un camino largo y pesado, por el que transitaban todos hacia una nueva casa, que tendrían que buscarse para unos pocos meses. La ruta no era peligrosa, pero sí necesaria para todos los animales, si querían pasar un buen invierno.
En esta, una Liebre descansaba al sol, tranquila, después de tanto salto. Era una Liebre blanca, de largas patitas y orejas. Tumbada, observaba como se acercaba una tortuga, a un paso que a la Liebre le parecía lentísimo. Cuando llegó a su altura, le preguntó:
- Hola joven tortuga, ¿por qué vas tan despacio? A ese paso tardarás mucho en recorrer el camino- .
- Porque no puedo ir más rápido, Liebre – le respondió -, este es mi paso ligero. Sé que tardaré, pero qué remedio: soy un animal muy lento.
La Liebre vio como se alejaba, despacio, la tortuga. Pensó en lo que tardaría en llegar: es como si yo hiciera el mismo viaje tres veces, pensó. Se levantó y se acercó hasta la tortuga, y siguió caminando a su lado. Por el camino iban charlando, descansando, compartiendo cosas, observando el paisaje,… En una de las paradas la tortuga quiso preguntarle:
- Te agradezco mucho la compañía, Liebre, es mejor que andar sola. Pero, ¿cómo es que caminas tan despacio? -
- Porque soy un animal muy lento – le contestó la Liebre. Y sonriendo los dos, continuaron caminando.

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