junio 03, 2016

Confiar es de astutos


Hace mucho tiempo, en un pequeño bosque, vivía un zorro conocido por su astucia. Era amigo de todos, y vivía feliz entre todos los animales del bosque.

Si un lobo solitario le pedía ayuda para cazar a una oveja, se la ofrecía. O si veía una serpiente en apuros junto al río, le ayudaba, pues él no se alimenta de serpientes. O cuando tenía que cruzarlo, preguntaba por dónde era más sencillo, y las tortugas le respondían contentas.

- Eres muy servicial, Zorro, pero ¿te fías de cualquiera? - le preguntaba un tejón con el que se había cruzado.

- Claro que sí, Tejón. Si no me fiara de los habitantes del bosque, nunca podría hacer nada en el bosque.

- Entonces, ¿me querrás ayudar? - le dijo -, he dado con un nido lleno de huevos, pero el árbol es alto, y no puedo alcanzarlo. Si dejas subirme en ti, nos lo repartiremos -.

- De acuerdo - contestó el zorro.

Los dos animales se acercaron hasta el árbol del que hablaba el tejón, y este, subido en el zorro, dio con el nido y pudo bajarlo. Y, nada más tocar el suelo, el tejón salió corriendo con el nido entero.

- ¡Eso te pasa por confiar demasiado! - le gritaba mientras huía.

- Pobre Tejón - reflexionaba el zorro mientras lo veía alejarse -, o le da una indigestión, o algo peor, porque bien sé que esos huevos llevan meses en mal estado, y nadie los incuba, como me explicó mi amigo el Cuco -.

Y con tranquilidad se marchó el Zorro, pensando que la astucia no es contraria a la confianza, y que hizo bien al sospechar del Tejón. Pero antes, y más importante que la astucia, está la confianza, pues si no se hubiera fiado de lo que le dijo el Cuco, sería él el que hubiera acabado tan mal como el Tejón acabó, y esta historia quizás, no se hubiera contado.

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