agosto 31, 2016

Desde la más pequeña hormiga....

Érase una vez que se era un grupo de hormigas aventureras que se disponían a realizar un viaje muy difícil. En uno de los puntos de este tuvieron que enfrentarse al Monte de la Cooperación, un sitio mágico con características especiales.

Las hormigas del grupo se quedaron en el inicio, sin poder subir, extrañadas de aquel fenómeno que era como una fuerza que les impedía avanzar.

Una de las hormigas se quedó pensando un momento, y entonces dijo en voz alta: - Ayudé a mis compañeras a cavar un túnel -. En seguida se rompió el hechizo, y logró subir por la colina unos pasos, hasta que nuevamente la magia del Monte le retuvo. Entonces, volvió a decir: - Acompañé a una hermana a recolectar frutos más allá del hormiguero -, y nuevamente comenzó a ascender.

Y así fueron subiendo por la ladera, citando buenas acciones realizadas que el Monte reclamaba para permitir su ascenso. Pero, cuanto más se acercaban a la cima, más les costaba recordar acciones nuevas que hubieran hecho con proximidad para poder avanzar.

Una de las hormigas se rindió: - ¡No sé nada más, no he hecho más cosas, no podré terminar de subir! -

Otra compañera que le miraba se quedó pensando y retrocedió hasta donde estaba: - Llévame en brazos - le dijo, y esta lo entendió enseguida: - Estoy ayudando a mi compañera hormiga a subir el Monte de la Cooperación -.

Comprendieron que en todos los momentos de la vida surgen ocasiones de servicio y que, si cooperaban entre todas como un equipo, podrían alcanzar cualquier meta que se propusieran, aunque fuera la cima de aquel Monte mágico.

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