noviembre 23, 2012

No sucederá más


- Cuando me llamaron estaba en la nave del tío al que perseguí, pero se escapó -.

- No debería usted haber hecho eso. Tendría que haberse quedado con su hija hasta que llegáramos nosotros, y habernos descrito al tirador -.

- ¿Qué hubiera hecho usted? Mi hija muerta, y su asesino huyendo. Hubiera sido como si no hubiese tenido nada que ver -.

- Ya, pero sí tiene que ver, y le vamos a coger con su descripción -.

- Son matones de la Monma, se lo oí a su compañero -.

- Dice que este murió durante el tiroteo, ¿antes o después de que alcanzara a su hija, lo recuerda? – el policía teclea en el ordenador.

- Mire… No lo sé, ¿cree que podría saberlo? – el silencio de la conversación se mezcla con el ruido de la oficina -. ¿Cuándo me podré ir? –

- Perdone. Ya, se puede ir ya. Solo una cosa más: no vuelva a hacerlo, ¿de acuerdo? Deje que nosotros persigamos a los culpables -.

- Si, de acuerdo, no sucederá más -.

- Debe volver pasado mañana, todavía necesitamos cerrar algunos detalles. Además su, su hija se quedará en el forense hasta que le avisemos. Lo siento -.

Miguel se levanta, recoge sus cosas y se marcha.

noviembre 16, 2012

En el momento equivocado

La puerta se abre en un movimiento rápido, pero corto. Sergio entra con el arma en la mano, pegada al cuerpo, observando y sigiloso. Cierra la puerta y avanza por la estancia a pasos pequeños. Cuando la recorre al completo, se guarda el arma.

El piso es pequeño, viejo, luminoso, pero raro, lleno de trastos, aunque ordenado. La mezcla de objetos que llena cada habitación le da una apariencia muy extraña, entre trastos de un soltero y recortes de periódico e imágenes de diseño, y juguetes y ropa de una niña pequeña.

- Departamento de marketing. Los Trenes publicidad - lee Sergio en una tarjeta - un Don nadie. Eso ya lo sabía yo -.

Sergio se sienta en la cama del dormitorio principal y bota levemente en esta. Observa una foto en la mesilla, donde aparecen Miguel y una niña, su hija. Miguel no era de ninguna otra corporación criminal, era un padre de familia, y encima soltero, que había estado en el lugar equivocado, en el momento equivocado, y nada más.

El ruido de la ciudad y del edificio se filtran entre las paredes que le rodean, como si estuvieran hechas de esponja. Sergio piensa, respira profundamente, y vuelve a pensar, intentando meterse en la piel del dueño mediocre de aquel piso, de aquel inocente que se había cruzado en su camino, y le estaba reclamando inútilmente venganza, con la única fuerza de un perro que ha sido acorralado.

Recordó también a Tor. Había formado parte de la familia lo suficiente como para que toda la ciudad buscara al que lo había matado, si así lo decía Mihai. No es igual que si hubiera muerto yo, piensa, pero tendría igualmente su venganza.

- Soy Sergio - respondiendo al móvil que suena - Imposible, ¿Arlés...? Eran tres.... Mejor que lo confirmes. Me voy no obstante, prefiero que llegue a su piso con la policía que estando yo, así atarán todo... De acuerdo, si. Lo mejor será contratar al pintor... Te veo y te doy sus datos -.

Sergio se levanta y mira la foto de la niña, sonriente. Abre el armario, saca el arma y la deja tras limpiarle las huellas, en uno de los estantes. Regresa a la puerta y sale con el mismo sigilo con el que entró.

noviembre 09, 2012

Sin retrovisor

El retrovisor baila de un lado a otro, mostrando la misma ciudad de siempre, pero ahora más caótica. Sergio conduce rápido, e intranquilo, perseguido en coche por Miguel.

En el chasis de su coche, un golpe provocado por Miguel justo cuando Sergio subía y lo ponía en marcha, y tras el golpe corría hasta el suyo, que también lo tenía cerca, y así hasta llegar a una persecución improvisada. El coche de Miguel le sigue de cerca, dándole empujones con el morro.

- Este no sabe dónde se mete - dice Sergio.

Su coche gira en unos árboles viejos y sucios, y avanza por una explanada, hasta una nave industrial. Antes de que apareciera el coche de Carlos, Sergio para el suyo a un lado, y se baja corriendo.

- Arlés, ¡Arlés! Me persigue un coche, que no baje vivo -.

Sergio entra en la nave, apresurado, a la par que un par de hombres buscan un arma y salen fuera, con estas semi ocultas. Un coche aparece a gran velocidad por la curva y se encamina a la nave. Los dos hombres dan unos pasos y apuntan levantando el arma. El coche frena en seco y da marcha atrás, ocultándose tras los árboles.

- Arlés, un teléfono -.

Un hombre manchado de grasa corre a una pequeña oficina y saca un teléfono fijo con el cable muy largo. Sergio cruza la nave, lavándose las manos con un pañuelo desechable, coge el teléfono y marca, mientras Arlés le mira.

- Padre. Estoy en la nave... ¡No me grites, no ha sido mi culpa!... Sé donde vive, si... De acuerdo... - Sergio cuelga y se dirige al hombre, que asiente - ¿tienes una moto? -

Sergio se asoma a la puerta de la nave. El coche de Miguel está parado, entre los árboles.

- Si se acerca, matadle. Pero no le busquéis, huirá seguramente. Dejadle ahí llorando. Ya irá a pos su sorpresa cuando vuelva a casa -.

Sergio se pone un casco y se monta en la moto. Conduce hasta salir por una puerta trasera. En la nave se hace el silencio. Arlés carga un arma y se pasea, observando el coche parado entre los árboles.

El coche comienza a avanzar despacio hacia la nave. Cuando está a tiro, los tres hombres disparan contra este. El coche sigue avanzando como si nada, hasta chocar contra la pared de la nave, formando un gran estruendo. Los dos hombres se acercan precavidos al coche, que está vacío. Arlés mira hacia los árboles, buscando alguna figura.

Unos pasos rápidos suenan detrás suya y, mientas se gira, recibe el golpe de una barra metálica en la cabeza. Miguel coge su arma, se asoma por la puerta de la nave y dispara sin ton ni son hacia los dos hombres, que caen al suelo.