diciembre 13, 2013

Al final del camino


AL FINAL DEL CAMINO

Salir de Madrid no fue difícil. Avanzamos pegados al arcén, aunque tan solo circulaba un coche cada hora. Días después se redujo esa frecuencia, y abandonamos la desprotección de la carretera por miedo a las intenciones de esos escasos conductores. Por el camino encontrábamos más caminantes, con los que compartíamos la poca información que teníamos mientras andábamos como si de una peregrinación a Santiago se tratase. Solo que, en este caso, nadie sabía a dónde dirigirse, o qué camino seguir.

Yo estuve bien la mayor parte de nuestro camino. El doctor Emile me diagnosticó después un cáncer de intestino, y otro más leve de estómago, cuyos síntomas todavía no habían comenzado a ser un problema. Sin embargo en mi hermana, a sus once años, la enfermedad despertó con más fuerza, y se aquejaba de fuertes dolores en la cabeza, y vomitaba sin motivo cada dos o tres días. 

Intenté cuidarla lo mejor que pude, buscando comida, manteniendola abrigada, cargando con ella muchas veces. No era el mejor entorno, conforme empeoraba me planteaba detenernos en algún pueblo. Pero la esperanza empuja, y mata. Deseaba llegar a Barcelona, ver los barcos y los trenes de los que hablaban, viajar a Finlandia, ser recibido por esos centros, salvarnos al fin. Lo siento Ángela.

"Al final del camino la muerte.
Si vives, que sea un camino
y no la senda que desconoces.
No andes a la suerte que el destino
no conoce de vivos, ni de pasos, ni de voces...."

noviembre 29, 2013

Entrevista a Hellen Goodbridge I

Septiembre de 2058, Entrevista a Hellen Goodbridge I

Entrevistador: Estamos posiblemente con una de las personas más importantes de nuestra historia más cercana, con una verdadera heroína que supo hacer frente a una realidad que se cernía sobre todos nosotros y que ha transformado el mundo por completo. Gracias a personas como esta mujer hoy podemos decir que todo ha acabado, ¿o quizás deberíamos hablar de que todo ha empezado?

Hellen: Nada empieza sin un final, y nuestro comienzo es el más claro ejemplo. Pero para empezar correctamente esta entrevista, que precisamente persigue sacar a la luz detalles y encontrar "por qués", he de decir que no me gusta la palabra héroe, como también desecho la de superviviente. Nosotros somos lo que somos, a partir de lo que se nos ha permitido ser, a partir de lo que debemos hacer en determinados casos. El abanico es más amplio, y hay acciones que, lejos de ser malas, te excluyen de ser humano.

E: ¿Piensa que lo que nos ha sucedido ha mostrado nuestra verdadera naturaleza?

H: Pienso que la mostramos siempre, solo que a veces las injusticias las toman otros en nuestro nombre, y tan solo nos dejamos llevar porque así está establecido. Lo que nos ha sucedido abre la posibilidad de un cambio, y es por lo que hoy día luchamos.

E: Me gustaría comenzar por el principio, ¿nos podría citar sus orígenes?

H: Nací cerca de de Yendi en la Costa de Oro africana. Me casé joven y tuve un hijo, que murió de inanición. Mi marido también murió en las revoluciones del 17. Mi cuñada y yo nos vimos solas y decidimos viajar hasta la capital para encontrar trabajo, lo que logramos en una fábrica de la familia Goodbridge.

E: Todavía no se sabía nada de la NEMO, supongo.

H: No, nada, y menos allí. Empezamos a recibir información cuando el comportamiento de la gente en la ciudad comenzó a cambiar.

E: ¿En qué sentido?

H: Aunque todavía no era notable, el orden social comenzó poco a poco a alterarse. Los ingleses tenían miedo en todo momento, y andaban siempre muy nerviosos.

E: ¿Fue entonces cuando conoció a Anne Goodbridge?

H: No, fue mucho antes. La suerte y la casualidad me besaron en la misma mejilla. Conocí primero a su hijo, y le caí en gracia. A partir de ahí la madre me encargó cuidarle un par de veces. Hasta que año y medio o año más tarde viajé con ella y me convertí en su cuidadora, primero en un viaje a Inglaterra, y luego en su mansión a las afueras de Barcelona.

E: ¿Crees que sabía ya entonces qué les iba a suceder?

H: Cuando me llevó a Barcelona por supuesto que sí: vivía con la esperanza de que a su hijo no le pasaría nada, y alguien tenía que cuidar al heredero de su imperio. Pero al principio, no lo sé. Quizás algo habrían oído, pero no lo tenían asimilado. Cuando todo empezó, nadie era capaz de aceptar la cruda realidad de ser un "futuro muerto".

noviembre 08, 2013

Último post


ÚLTIMO POST

El amor nos hace héroes, y la muerte culpables. Y ambos se dan en esa línea que es tan corta como la vida misma, allí donde ambos se dan. Una elección que depende de millones de años no podría nunca, en la vida, determinar nuestro destino porque, sin la unión, sin la mezcla siempre equilibrada de todas las partes, no hay decisión,  ni destino. Esa es la condena: una libertad atada a libertades, definidas por una aleatoriedad en libertad.

Así lo quisieron los humanos, así ningún humano culpe a otros, así merecieron lo inmerecible. Así murieron. Las grandes ciudades, masificadas, tuvieron más bajas. Allí, la enfermedad se desarrolló con mayor rapidez por la alta exposición. Mis padres murieron dos años después del día cero, o de cuando se fechó la primera muerte. Tras meses de subsistencia decidí huir de Madrid con mi hermana pequeña, abandonando el caos ya insostenible.

Dejar la seguridad de nuestra casa fue duro, pero necesario. Allí, en mi habitación, publiqué las anteriores entradas de este blog, cuando aún nadie sabía nada. Quizás esto me dio fuerzas para sobrevivir, la importancia de comunicar lo sucedido, de buscar un por qué. Si buscan las primeras publicaciones verán como pasé de reflexionar y criticar cosas sin importancia a interesarme por todo esto: el lanzamiento del nuevo satélite, las protestas de los ecologistas, las mentiras de los gobiernos, la primera muerte, los primeros estudios,…

Circulaba la información de que el norte de Europa había quedado más a salvo de la radiación, que había centros para tratar a los afectados. Pero todo el país estaba paralizado. Tan solo se oía de transportes en la costa este, así que esa fue mi decisión: cogimos provisiones y empezamos a andar por las autovías, en dirección a Barcelona.

Quedarse no era una opción. Muchos dirigentes habían muerto, y reinaba la anarquía. El mayor problema era que nadie sabía quién iba a morir primero. La nueva exposición a la que fuimos sometidos, precio a pagar por nuestro progreso, reaccionaba con la acumulada en el cuerpo con los años, según me explicaba Emile. Es decir, no era la causa, sino el agravante de una causa que se sabía solo en parte. Y con esa intensificación, o rotura de nuestra protección natural, los humanos comenzamos a desarrollar masivamente mutaciones cancerígenas diversas.

¿Qué es de quién? Nuestro sistema social sufrió una ola poseidónica. La clase alta pasó a estar compuesta por aquellos cuyos cánceres les permitía vivir más años que a los demás, más virulentos. Al principio, cuando todavía funcionaban los hospitales, se podía determinar el estado de cada enfermedad, a veces con diagnósticos dados a simple vista, prácticamente azarosos. Pero pronto cundió la anarquía, y los que mejor se sentían reclamaban a su alrededor las propiedades y pertenencias de los demás, con la escusa (y definición) que se convirtió más tarde en el apelativo de los que formábamos esta nueva clase baja: “futuro muerto”.

octubre 25, 2013

Rescatados

Rescatados

No sabemos nada de la muerte porque, no estamos muertos. No sabemos nada de la vida porque, no vivimos. Y así vivíamos hasta que la suerte dejó de hacernos creer que éramos nosotros los que mandábamos. Comenzamos a vivir de verdad, evitando la muerte, y alguna lección aprendimos.

Mi nombre es Eduardo Castillo, y he sobrevivido hasta la fecha que, no sé muy bien cuál es. Estoy intentando poner al día todos estos documentos con la ayuda de Emile de Kébir y Hellen Goodbridge, recordando antiguas entradas, escribiendo nuevos pasajes de este periplo que nos ha enseñado la verdadera cara de las cosas, de la vida, de los hombres.

Poder retomar este blog ahora es como parte de esta pesadilla, un descanso a la angustia que se torna en medio sueño. Pero es mi pesadilla, y hasta que no la termine, no descansaré. Hasta que no despierte no podré releer mis palabras para entender, si llego a ese momento, y recordar, y poder convencerme o consolarme con el mensaje que necesitamos oír: no fue en vano toda esta mierda.

No. No creo que llegue a ese momento.

Denme tiempo, por favor, para aclarar las ideas, para rescatar los archivos, para resolver los sucesos. Denme tiempo, por favor, o ¿acaso no es lo único que pedimos todos? Si nos lo niega la suerte, ¿por qué hacerlo también nosotros?

octubre 17, 2013

...Fallo en el sistema....

....Fallo de sistema....

Pérdida de los archivos, error en los servidores, fallo de conexión. Vacío....

octubre 11, 2013

La Teoría de la Preocupación

SEPTIEMBRE 03, 2047: La Teoría de la Preocupación

Me enseñaba una vez un profesor la importancia de la visión puramente humana, y la visión fuera de nosotros mismos, para entender los problemas de este mundo.

Y precisamente cuando oía a mi hermana pequeña contar un problema que, en realidad, no tenía importancia (desde mi punto de vista con 17 años), empecé a preguntarme si no estaría todo compuesto de problemas, y de nada más.

El miedo es psicológico, porque solo existe en nuestra mente, a partir de nuestra imaginación, y si caemos en ello y cerramos nuestra mente, dejamos de tener miedo.
Cuando estoy solo en la oscuridad, el miedo se convierte en una preocupación: siento miedo. Sin embargo me he quedado a solas en la oscuridad, teniendo otras preocupaciones mayores (como una buena regañina), y no he sentido miedo alguno.

El miedo es una preocupación, y todo problema desaparece en el ser humano al llegar una preocupación mayor.

Seguí probando, planteando y descubriendo que todo podía responder a esta teoría. El hambre es una preocupación, y también los modales, lo salubre e higiénico,... Pero cuando al pobre le urge el primer problema los demás no son más que tonterías. También es un problema la prisa, que a veces antepones, y a veces no. O la educación, o la aceptación, o la verdad, o la propia vida,... O la muerte, a la que olvidamos cuando nos rodean otros problemas. O incluso el amor.

Este profesor me explicaba también que la felicidad no consistía en la ausencia de problemas, sino en la superación de estos. El ser humano siempre se queja de los problemas que le ha tocado vivir, pero no es ningún tiempo peor, porque sino, estaríamos condenados a la infelicidad.

Sin embargo el ser humano tiene una capacidad infinita de adaptarse a las situaciones, de superar los problemas, de hacer convertir la victoria de su vida en la preocupación más grande de todas, que ciegue a las demás. Y ser feliz porque, ese es tu único y verdadero problema a superar.

octubre 04, 2013

La meta muerte

FEBRERO 28, 2049: La meta muerte

Por eso no queremos ser inmortales, porque esta vida es imperfecta, lo que conlleva por siempre cosas buenas, y cosas malas. ¿Realmente quieres vivir una vida tan extensa, a costa de malos momentos? Buenos momentos también, por supuesto, pero estos, aparte de los que vienen sin más, de esos Regalos que se nos cruzan, los demás consisten en la superación de los problemas que nos surgen, de los obstáculos del camino: esa es la felicidad.

¿Cuántos caminos, pues, crees que puedes realizar, superando sus entorpecedores obstáculos, para ser feliz, siendo esto una condición que basta solo una vez serlo para, eso mismo, serlo?

Por eso nuestra meta ha de encaminarse a vivir una vida plena, siendo el final de esta la cima, el momento más feliz de todos los vividos, ya que es el que finaliza un camino por el que has luchado, en este imperfecto mundo, para que sea perfecto.

Te deseo pues, hoy, un día pleno, un día perfecto en el que, cuando llegue a su fin, justo antes de dormirte, puedas decir: “hice todo lo que tenía que hacer hoy”, y se aplique así un día más de felicidad a una vida en la que, espero, puedas decir antes de morir que hiciste todo aquello que tenías que hacer, que puedas llegar al cierre de tu vida diciendo: “soy feliz”....

septiembre 27, 2013

Demasiado tarde

ENERO 08, 2048: Demasiado tarde

No, no conozco muy bien el tema del que hablo, ya sabéis que esa es mi especialidad (al menos yo lo reconozco, no como nuestros políticos que ni saben ni hacen nada), y busco hacer de ello una virtud.

Quizás el hecho de ser un sencillo bloguero me autoriza para esto, y me otorgo a mi mismo una inteligencia ordenadora cuan dios de tres al cuarto que obra por medio de la palabra escrita a la que llama "chora".
No, no soy un "dios de la vida" porque no soy ningún héroe.
Y quizás tampoco sea un dios de la muerte. Pero solo, quizás.

Ustedes, dirigentes de lo que llamáis progreso, sí sois destructores del eros. Ustedes, los que deciden poner en marcha la NEMO, los que apoyan la iniciativa, los que escondéis los informes que os sugieren que no esté en órbita,... Dioses del caos, todos.
Pero empecemos en la Tierra:

¿Sabías tú, lector, que estamos sometidos a una continua radiación? No, no te asustes todavía, si lees esto, ya es tarde. El cuerpo asimila los niveles de radiación actuales, pero también los acumula. Piensa ahora la cantidad de radiación que acumulamos los habitantes de las ciudades industrializadas: sí, da dolor de cabeza con solo imaginarlo.
Pero, repito, somos capaces de asimilar estos niveles, o así ha sido hasta la fecha. Nos hemos acostumbrado a vivir con la radiación que nos rodea, la natural y la artificial, sin mayor problema, que sepamos, pero entonces deciden forzar la máquina.
Como siempre, deciden aumentarlo todo.

¿Realmente necesitamos un macro satélite como la NEMO, emitiendo aún más radiación si nos cabe por todo el planeta? ¿Realmente creéis, dirigentes y empresarios, que nos va a hacer bien, o que no nos va a hacer mal? Y ¿qué necesidad hay? ¿Acaso vivimos hoy día mal comunicados? ¿Qué más queréis comunicar?

Si empezarais por los informes científicos en contra de este lanzamiento quizás descubráis algo más allá de vuestro egoísmo, quizás así descubriría la gente que vuestro proyecto, que ya es una realidad, aumentará la radiación a la que estamos sometidos, que supondrá no una mayor rapidez en las autopistas de la información, sino abrir una puerta llena de posibilidades adversas.

Quizás, si todos conociéramos esto lucharíamos para detenerlo, y entonces no sería demasiado tarde. Pero ustedes nos lo ocultan, se zafan en palabras que no llegan a oratoria, y nos mentís dulcemente para que sigamos teniendo fe en vuestros pasos que, queramos o no, serán también los nuestros.

mayo 07, 2013

Fin de Una ciudad cualquiera


Final de la serie de ficción por capítulos Una ciudad cualquiera.

- Ir al primer capítulo de Una ciudad cualquiera.

Otros enlaces de este blog:

- Ir al primer capítulo de la historia de ficción: Tres años más.

- Ir al primer capítulo de la segunda temporada de Tres años más: El tercer círculo.

- Ir al primer capítulo de la tercera temporada de Tres años más: Criaturas inmortales.

Lavadoras de rascacielos: Recopilatorio de secuencias.


- Relato del protagonista del largometraje de ficción El príncipe Siro: Los cuatro reinos.

Ydijo el león.... -. : Blog de fábulas infantiles.

No habrá cine para los malvados: Blog de cine español.

abril 26, 2013

Fuera, la ciudad

Los barrotes se abren delante de su cara, despacio porque tras tanto tiempo, la ciudad es más rápida, o no tanto tiempo pero allí, nunca se sabe. Sergio sale escoltado, pero sale, andando con la confianza del que acaban de soltar, confianza que se rompe en ese mismo pasillo, en ese mismo lugar del que sale porque, él no ha sido....

Miguel camina sin alma, ni vida, pero camina, esposado por una pareja de policías que le empuja hacia adelante, con la ropa rota y lleno de sangre, un aspecto que a Sergio le basta para entender, para comprender, para convertir su aire de superioridad en ira desbocada, para intentar abalanzarse contra Miguel, mientas el policía que le escolta trata de impedírselo.

- Hijo de puta, cabrón - le grita a Miguel, que continúa andando, mirando, nada - yo soy el que debería quedarme aquí, con tu sangre en la ropa... ¡Tú eres el bueno! ¡Tú eres el bueno! -

Sus gritos se ahogan en lágrimas mientras el cuerpo le flaquea. El policía que le escolta tira de él desde sus axilas y le lleva fuera del pasillo de celdas, a la calle, afuera.

Miguel mira a los policías que acaban de introducirle en una celda, sin expresión alguna, como si le faltase algo que siempre había estado en su rostro y ahora no, o como si le sobrase algo, igual da. Los barrotes se cierran delante de su cara de forma rápida porque, el tiempo ahora está ahí dentro detenido, y nadie quisiera que se escapara en ese abrir y cerrar, siquiera un poquito hacia la ciudad.

abril 12, 2013

Vuelta al final

Mihai, encendido, oye como el teléfono se cuelga al otro lado, y estrella su auricular contra la mesa. Se gira hacia su subordinado y con un gesto salen los dos de la casa de Miguel, con paso largo y furioso.

Miguel cuelga con tranquilidad el teléfono. Ioana comienza a gritar y Miguel le golpea fuerte con el arma, provocando que se desmaye. Se sienta después en una silla mirando hacia la entrada de la casa de Mihai, y comienza a dar cabezadas entre el silencio de la estancia, hasta que se queda dormido.

Cecilia corretea por las calles del barrio de Los trenes. O quizás es por un campo, marchito ya por el avance imparable de una ciudad cualquiera. Pero corre alegre, jugando con el viento, riendo como cualquier niño de su edad.

Miguel despierta con una sensación de caída. Mihai, lleno de rabia, está sobre él, y los dos caen hacia atrás con violencia, rompiendo la silla en mil pedazos, perdiendo Miguel el arma, que se desplaza lejos. Detrás el hombre de Mihai le toma el pulso a Ioana, que está inmóvil en la silla, y niega con la cabeza con la cara impávida. Pero Miguel no ve el gesto, ni tampoco Mihai, enzarzados ambos en el forcejeo.

Mihai golpea con el puño sobre Miguel una y otra vez, mientras este recula poco a poco hacia atrás a cada golpe que no puede parar con las manos, intentando zafarse de la embestida. Tras varios golpes mal dados, Miguel choca contra una estantería, provocando la caída de varios objetos que igualmente le golpean. Uno de estos, un pequeño busto de escayola, se parte con la caída. Miguel coge uno de los pedazos y golpea a Mihai.

Logra zafarse y se arrastra hasta la chimenea donde coge un atizador. El hombre alza su arma para apuntarle, mientras Mihai se levanta, interponiéndose en su línea de tiro. Sin dudar, Miguel da unos pasos y golpea en la cabeza a Mihai que cae delante del sofá. El hombre vuelve a apuntar a Miguel y le dispara en el brazo del atizador. La bala le pasa por el brazo e impacta en la vidriera de la pared, llenando la estancia de cristales. Miguel suelta por inercia el atizador, y con rapidez se lanza al suelo, delante del sofá, quedando fuera de tiro, junto a Mihai.

Mihai se arrastra hasta él, con los ojos rojos. Miguel coge uno de los trozos de cristal y se lo clava en la garganta a la vez que Mihai, con su enorme cuerpo, se echa sobre él. Mihai asfixia con sus manos a Miguel, mientras se desangra a causa de la herida. Cuando comienza a convulsionar deja de ahogar a Miguel, para después caer a su lado, ya casi inmóvil.

El hombre llega tarde tras el sofá, justo para ver la mortal herida de su jefe. Extiende el brazo con el arma y apunta a Miguel.

- En paz - recita Miguel.

- ¡Alto! -.

- Bastardo - le responde el hombre.

Un disparo recorre la habitación con un sonido sordo, y el hombre cae abatido. Agentes de policía invaden la estancia llena de sangre, cristales y cuerpos, entre ellos, el de Miguel quien, mientras le esposan, se queda dormido.

marzo 22, 2013

No soy yo el malo

- ¿Cree que yo no sé jugar a este juego, que nací ayer, me toma por un ratero...? -

- Le tomo por un criminal, me da igual el calificativo -.

- Llámeme como quiera, pero yo no tengo nada que ver con... -

- ¿Me estás diciendo, Sergio Layo, que no tenías un arma, que no disparabas, que...? -

- Me estaba defendiendo, no es... -

- ¿Que no estabas reunido con dos importantes capos de la mafia, entre ellos tu padre, que no provocasteis una explosión, que...? -

- Le digo que no. Le digo que no. Sí estábamos reunidos, y mi abogado le podrá explicar lo legal que es una reunión informal entre viejos conocidos. Pero no provocamos ninguna explosión -.

- Sin embargo es curioso como Viktor le Monma, si se confirma su identidad, ha resultado muerto como tú también afirmas, mientras tú estás aquí contándome tonterías que, como comprenderás, no sirven de nada -.

- Escúcheme un momento. Ayer hubo un tiroteo en el Barrio de los trenes y murió una niña pequeña, seguro que tiene constancia de ello. El padre cree que hemos sido nosotros y está buscando venganza por su propia mano. ¡Él es el culpable, él hizo estallar todo! Tanto si me cree como si no, si le encuentra, verá como todo le cuadra. A él es al que tiene que detener -.

- Podría cuadrarme, Sergio. Pero tú no te vas de aquí hasta que no lo aclaremos todo, y presiento que ni siquiera, aún siendo como tu dices, vamos a encontrar nada bueno ni de lo que dices, ni de ti -.

Tras la explosión

Sergio escupe en la carretera saliva, sangre y pequeños trozos metálicos. Corre en pocas zancadas y con la misma fuerza con la que avanza tira de su padre, que le sigue a duras penas. Los dos llevan rotos en la ropa y heridas en la cara. La estrecha calle está invadida de un ruido ensordecedor, del crepitar del fuego, alarmas de coche y sirenas de la policía.

Algunos hombres más salen del edificio entre la confusión. Unos disparan hacia Sergio y su padre y, después, se disparan entre ellos.

Sergio se refugia en un coche y dispara hacia los hombres que les disparan, sin distinguirlos de los que no lo están haciendo.

Mihai alcanza su coche y se refugia dentro, en el asiento del piloto, y lo pone en marcha.

- ¡Sergio! -

Un coche de policía aparece en la calle a toda velocidad. Siendo alcanzado por las balas, pierde el control y se estrella junto al coche en el que Sergio se refugia, y todo se envuelve en humo.

Mihai mira por el retrovisor buscando a su hijo. Un policía sale del coche patrulla y se pone a cubierto mientras habla por su walkie-talkie. Mihai saca el coche del aparcamiento y se aleja a toda velocidad.

Cuando tuerce la esquina varios coches de policía se meten en la calle, mientras un grupo de policías ya está acordonando, al final de la calle a la que se ha incorporado, la otra entrada del garaje. Un coche sale de su estacionamiento y sigue al de Mihai.

Mihai llega a su casa, para el coche y hace señas a sus hombres, que le están esperando, nerviosos, atentos. Da instrucciones y entra en la vivienda.

A los pocos minutos Mihai sale de su casa, cambiado y con un arma que se guarda mientras anda a paso ligero. Un coche llega y un hombre le saluda, preocupado. Mihai se monta en su coche y se marchan.

El coche que le había seguido acelera y atropella a los dos hombres de la puerta de la casa, que no se apartan a tiempo. Unos tiros rematan el trabajo del coche.

febrero 22, 2013

Descarta la paz

- Entonces, ¿se hicieron con los explosivos? -

- Están en mi coche -.

- Está todo preparado como planeamos. Espero que por su parte también sea así -.

- No lo dude, Señor Mihai. Esta intervención va a ser beneficiosa para las dos casas. Siempre es un error no aceptar la paz cuando un hombre se la ofrece, aunque no sea esa la intención de ese hombre. También tenemos todo preparado para colaborar en el golpe -.

- Estupendo. Repasemos los detalles entonces -.

A ambos lados conversan Mihai junto a Sergio, con un hombre corpulento y otro que extiende unos planos sobre el capó de un coche. A ambos lados un grupo de hombres armados con seriedad, y sus armas, observan.

De golpe, retumban por todas las paredes el sonido de unos disparos y, tras consumirse el eco, silencio. Todos se ponen nerviosos. Uno de los hombres habla por su walkie-talkie.

- ¿Qué ha pasado? ¡Responde! -

- Nada, un accidente. Ha sido el inútil de Tony - responde el walkie.

- Hay que joderse. Deshaceos de ese Tony y sigamos con esto -.

- Nosotros no tenemos a nadie que se llame Tony -.

Por la cuesta de entrada aparece el coche de Sergio, vacío, que va cogiendo velocidad en dirección hacia ellos: todos comienzan a disparar. Sergio abre de par en par los ojos.

Sergio coge a Mihai del brazo y tira de él hacia atrás, corriendo hacia un murete de piedra contra el que los dos se pegan para rodar hasta el otro lado, y ponerse a cubierto.

Segundos antes el coche de Sergio golpea una de las columnas, y todo parece volar por los aires en un gran estruendo.

febrero 15, 2013

Solo

Solo, Sergio conduce hacia los aparcamientos del centro comercial abandonado, pensativo. Aparca fuera y camina hacia la puerta de garaje, donde dos hombres corpulentos le cachean antes de dejarle pasar.

Camina pensativo por la semi oscuridad de aquel interior, descendiendo por la rampa como quien se dirige al infierno.

Al fondo espera su padre, y sus hombres, y otro grupo de hombres similares, pero muy distintos. Pero él no les ve, o lo hace, pero no llega a descifrar tan extraña estampa.

Por vez primera, son muchas cosas las que se cuestiona.

Solo, Miguel camina solo, como un perro apaleado que huye de la trifulca, solo que en este caso, se dirige en dirección contraria. Se frota las muñecas doloridas, antes, aprisionadas, antes, con un reloj que dio por trato a una gaviota.

Busca una dirección, sin planes ya, tan solo por buscarla. Ya le dirá el cuerpo qué hacer, y cómo. Ya se le ocurrirá algo, con esa lucidez que se tiene justo antes de que la muerte se te lleve, o se vaya tras haberlo intentado.

Miguel recorre las calles matemáticamente, absorto en su dirección, como un sabueso viejo que sabe a dónde va, aunque no lo parezca en absoluto. Y totalmente ido, esperando como un enfermo a que su cuerpo bombee adrenalina, para reiniciar su acción.

Por vez primera, no se cuestiona absolutamente nada.

febrero 01, 2013

Segunda salida


- Recuérdame que desconfíe la próxima vez que me asegures que no te volveré a ver -.

- No te harán nada. Saben que nos relacionarían con el tiroteo. Prefieren que yo cargue con los muertos -.

- ¿No te parece que ya has llegado demasiado lejos? –

- No. He llegado a un punto en el que solo hay dos salidas: la que ellos quieren, o morir. Y yo prefiero la segunda, si mientras la alcanzo puedo encontrar al que me las ofrece -.

Del piso superior llegan ruidos de una pelea. Miguel y Rosa se miran en silencio, esposados en la bodega. Por la escalera baja a trompicones un hombre con sangre en la cara y las ropas roídas.

- Ve pensando una escusa a por qué falta dinero, Gaviota -.

El barman baja despacio, y empuja al Gaviota, que vuelve a caer hacia el suelo de las escaleras. Y, con su caída y estirando el pie, tira de la pierna del barman, desestabilizándole, provocándole caer y rodar escaleras abajo con toda su dimensión, pasando por encima del Gaviota, que se cubre la cabeza.

En un estruendo el barman se golpea contra el suelo de la bodega, y queda inconsciente.

- ¿Qué ha pasado? –

Preguntan desde arriba. El Gaviota mira desconfiado al barman, y después a Miguel, quien le susurra.

- Suéltame rápido, tiene las llaves en el bolsillo. Corre -.

- ¡Nada! – grita el Gaviota, imitando lo mejor que puede la voz del barman.

- ¿Seguro? –

El hombre baja despacio la escalera, y encuentra al barman y al Gaviota tumbados en el suelo, inmóviles. Avanza para observarlos, colocándose de espaldas a Miguel.

- Vaya Gavi, se te cayó un buen peso encima -.

Miguel se levanta rápidamente, coge su silla y la estrella en la cabeza del hombre, que cae al suelo. Miguel le clava la pata que aún conserva en la mano, en el cuello, con todas sus fuerzas, y el hombre se retuerce.

Le quita el arma y se acerca al barman. El Gaviota se levanta y corre hacia la escalera.

- Estamos en paz, tío -.

Miguel observa el arma, le quita el seguro, apunta a un pie del barman y dispara. Este vuelve en sí, y chilla con estruendo.

- ¿Dónde ha ido tu jefe, cerdo? –

El arma vuelve a disparar.

enero 25, 2013

Hasta dónde eres valiente

Rosa camina por la calle. Un hombre se cruza en su camino. Todo oscurece.

Rosa está sentada en una silla, esposada, en los almacenes de un bar. Sergio le golpea con la mano abierta. Rosa grita mientras aleja la cara, y vuelve para mirarle a los ojos.

- Chica valiente, pero creo que hasta un límite, ¿no? Veamos -.

El barman, un hombre con delantal, gordo y con bigote le tiene un teléfono a Sergio. Este lo manipula, y se lo pone en la oreja a Rosa.

- Dile que venga al bar Kazú, que tienes información -.

La bodega queda en silencio, y Rosa intenta calmar su respiración.

- Miguel, soy yo. Creo que tengo algo... -

Las botellas almacenadas trazan un dibujo laberíntico, con formas geométricas repetitivas, y a la vez azarosas. Sergio fuma impaciente, tamborilea sus dedos en un barril, observa a Rosa, le coge de la cara y le suelta con violencia. Se vuelve hacia el barman y le hace un gesto. El barman le tiene el teléfono. Sergio habla por este.

- Soy Sergio, dile a mi padre donde estoy, y que no se impaciente. En nada estoy allí, Teban no esperará, seguro -.

Desde la bodega se oye todo el bar, pero el bar estaba mudo. De repente unos pasos, unos golpes y unos pies que se arrastran.

Dos hombres tiran de Miguel, lo sientan en una silla, junto a Rosa, y le esposan. Los hombres le propinan golpes, hasta que Sergio les hace una señal.

- Todo podría haber quedado en un accidente, pero no, tuviste que jugar al héroe. Incluso podríamos haberte pagado dinero por el estropicio, hay que reconocer que fue un error y... -

- Ni siquiera cuando te mate me habrás pagado, tu error, hijo de puta. Métete el dinero por el culo -.

Miguel le mira y escupe las palabras lleno de odio. Sergio le observa, entre divertido e incrédulo.

- Un don nadie. Un don nadie matando a gente por ahí - le dice Sergio.

- No deberías infravalorarte tanto - responde Miguel.

Sergio le golpea con todas sus fuerzas. Miguel se retuerce.

- Debería matarte. Pero ya no habrá más errores - se acerca a Miguel -, todo el mundo creerá que tú mataste a Tor y a tu hija, y no podrán sonsacarte nada porque habrás desaparecido -.

Sergio se incorpora.

- Que no se mueva de aquí hasta que vuelva con Mihai -.

Uno de los hombres y el barman acompañan a Sergio al exterior. Miguel mira a Rosa.

- Lo siento mucho -.

El otro hombre se acerca hasta Miguel, y le golpea con fuerza.

enero 18, 2013

Me iré por un tiempo

El ajetreo, muy parecido al de un circo, de su oficina, es para Miguel un estimulante, acostumbrado a cada rutina observada entre ordenadores, ficheros y escritorios. La conversación de Miguel y Rosa se entremezcla con el resto de sonidos.

- Lo que me pides es que te maten -.

- No es tan difícil que busques y me digas la dirección del cabecilla de la mafia Monma -.

- No te digo que sea peligroso para mi, lo que me pides es sencillo. Lo digo por ti, ¿qué vas a hacer cuando lo sepas? -

- Rosa, mi hija tan solo tenía 6 años... -

- ¿Crees que no lo sé, que no me duele? Menos de lo que te debe doler, lo entiendo, pero yo también lloro por ella. Como lloré cuando se fue tu mujer. Pero les debes seguir viviendo... -

- Le debo justicia -.

- Para eso está la policía -.

- Mira, Rosa. Puede que yo también esté en peligro y la policía no me ayudará, te lo aseguro. Solo necesito que des con lo que te pido, y me iré, por un tiempo. Durante bastante tiempo te dejaré en paz, lo juro: eso debe bastar como pago, ¿no crees? -

Rosa mira con pena a Emilio, y este, con cara de complicidad, le coloca una mano en el brazo. El ruido alrededor se hace más intenso, como si hubiera llegado una nueva noticia a la redacción, o como si segundos antes se hubiera producido un extraño silencio. Rosa se zafa y resopla, mientras se acerca a su ordenador.

- Está bien, te haré caso por última vez. Pero me tienes que prometer meses de total ignorancia -.

- No te pediré nada más, de verdad -.

- Y prométeme que será solo para vigilancia, que no irás a donde encontremos, pegando tiros como un matón de barrio. Miguel, por favor, es el momento de llorar por ella, pero en el mismo esfuerzo, seguir adelante -.

enero 11, 2013

El pintor

La puerta se abre en un movimiento rápido, pero corto. Miguel entra cabizbajo, y solo, con papeles de la comisaría en la mano. Avanza a oscuras, como si no quisiera ver nada, pero seguro, conociendo la colocación de cada objeto de la estancia.

Se ducha, y llora, sentado mientras el agua se sale  del plato. Se viste y se sienta en la cama, en su colchón, y observa la foto de Cecilia. Pasa los dedos por el cristal, y vuelve a llorar.

Se seca las lágrimas, y observa el armario abierto. En una repisa, hay un arma. La coge, la observa, y deambula con esta por la habitación, pensativo. Se acerca hasta el teléfono, lo descuelga, y lo vuelve a colgar, y sigue deambulando. Finalmente cansado, se sienta en el sofá del salón.

El pintor fuerza la puerta de la casa de Miguel, y entra, sigiloso. Sigue todo a oscuras, a penas se podría ver el maletín que lleva, ni la cicatriz que marca su ausencia de oreja en el lado izquierdo, señal de un trabajo pasado.

Miguel se despierta lento, y observa sorprendido pero inmóvil la figura del pintor, que acecha en la puerta de su cuarto. Este se asoma cauteloso, descubriendo que no hay nadie dentro. Entonces Miguel, que aún sujeta el arma, apunta entre las sombras, y dispara.

El gatillo chasquea, pero nada sucede, pues el arma tiene el seguro puesto. Como un gato el pintor suelta el maletín, coge su arma y se gira hacia el sonido. Miguel enciende la luz y salta contra el pintor quien, deslumbrado, dispara. La bala roza el brazo de Miguel antes de tumbar al pintor.

El embiste es tan grande que los dos acaban barriendo el suelo, entrando en el cuarto, hasta chocar contra el armario.

El pintro recula un poco para apuntar. Miguel coge una percha caída y le golpea en la muñeca, haciendo que tire el arma. Después y sin descanso, le golpea en la cabeza una y otra vez, hasta que su sangre se mezcla con la de su brazo, hasta que la percha se hace pedazos.