febrero 22, 2013

Descarta la paz

- Entonces, ¿se hicieron con los explosivos? -

- Están en mi coche -.

- Está todo preparado como planeamos. Espero que por su parte también sea así -.

- No lo dude, Señor Mihai. Esta intervención va a ser beneficiosa para las dos casas. Siempre es un error no aceptar la paz cuando un hombre se la ofrece, aunque no sea esa la intención de ese hombre. También tenemos todo preparado para colaborar en el golpe -.

- Estupendo. Repasemos los detalles entonces -.

A ambos lados conversan Mihai junto a Sergio, con un hombre corpulento y otro que extiende unos planos sobre el capó de un coche. A ambos lados un grupo de hombres armados con seriedad, y sus armas, observan.

De golpe, retumban por todas las paredes el sonido de unos disparos y, tras consumirse el eco, silencio. Todos se ponen nerviosos. Uno de los hombres habla por su walkie-talkie.

- ¿Qué ha pasado? ¡Responde! -

- Nada, un accidente. Ha sido el inútil de Tony - responde el walkie.

- Hay que joderse. Deshaceos de ese Tony y sigamos con esto -.

- Nosotros no tenemos a nadie que se llame Tony -.

Por la cuesta de entrada aparece el coche de Sergio, vacío, que va cogiendo velocidad en dirección hacia ellos: todos comienzan a disparar. Sergio abre de par en par los ojos.

Sergio coge a Mihai del brazo y tira de él hacia atrás, corriendo hacia un murete de piedra contra el que los dos se pegan para rodar hasta el otro lado, y ponerse a cubierto.

Segundos antes el coche de Sergio golpea una de las columnas, y todo parece volar por los aires en un gran estruendo.

febrero 15, 2013

Solo

Solo, Sergio conduce hacia los aparcamientos del centro comercial abandonado, pensativo. Aparca fuera y camina hacia la puerta de garaje, donde dos hombres corpulentos le cachean antes de dejarle pasar.

Camina pensativo por la semi oscuridad de aquel interior, descendiendo por la rampa como quien se dirige al infierno.

Al fondo espera su padre, y sus hombres, y otro grupo de hombres similares, pero muy distintos. Pero él no les ve, o lo hace, pero no llega a descifrar tan extraña estampa.

Por vez primera, son muchas cosas las que se cuestiona.

Solo, Miguel camina solo, como un perro apaleado que huye de la trifulca, solo que en este caso, se dirige en dirección contraria. Se frota las muñecas doloridas, antes, aprisionadas, antes, con un reloj que dio por trato a una gaviota.

Busca una dirección, sin planes ya, tan solo por buscarla. Ya le dirá el cuerpo qué hacer, y cómo. Ya se le ocurrirá algo, con esa lucidez que se tiene justo antes de que la muerte se te lleve, o se vaya tras haberlo intentado.

Miguel recorre las calles matemáticamente, absorto en su dirección, como un sabueso viejo que sabe a dónde va, aunque no lo parezca en absoluto. Y totalmente ido, esperando como un enfermo a que su cuerpo bombee adrenalina, para reiniciar su acción.

Por vez primera, no se cuestiona absolutamente nada.

febrero 01, 2013

Segunda salida


- Recuérdame que desconfíe la próxima vez que me asegures que no te volveré a ver -.

- No te harán nada. Saben que nos relacionarían con el tiroteo. Prefieren que yo cargue con los muertos -.

- ¿No te parece que ya has llegado demasiado lejos? –

- No. He llegado a un punto en el que solo hay dos salidas: la que ellos quieren, o morir. Y yo prefiero la segunda, si mientras la alcanzo puedo encontrar al que me las ofrece -.

Del piso superior llegan ruidos de una pelea. Miguel y Rosa se miran en silencio, esposados en la bodega. Por la escalera baja a trompicones un hombre con sangre en la cara y las ropas roídas.

- Ve pensando una escusa a por qué falta dinero, Gaviota -.

El barman baja despacio, y empuja al Gaviota, que vuelve a caer hacia el suelo de las escaleras. Y, con su caída y estirando el pie, tira de la pierna del barman, desestabilizándole, provocándole caer y rodar escaleras abajo con toda su dimensión, pasando por encima del Gaviota, que se cubre la cabeza.

En un estruendo el barman se golpea contra el suelo de la bodega, y queda inconsciente.

- ¿Qué ha pasado? –

Preguntan desde arriba. El Gaviota mira desconfiado al barman, y después a Miguel, quien le susurra.

- Suéltame rápido, tiene las llaves en el bolsillo. Corre -.

- ¡Nada! – grita el Gaviota, imitando lo mejor que puede la voz del barman.

- ¿Seguro? –

El hombre baja despacio la escalera, y encuentra al barman y al Gaviota tumbados en el suelo, inmóviles. Avanza para observarlos, colocándose de espaldas a Miguel.

- Vaya Gavi, se te cayó un buen peso encima -.

Miguel se levanta rápidamente, coge su silla y la estrella en la cabeza del hombre, que cae al suelo. Miguel le clava la pata que aún conserva en la mano, en el cuello, con todas sus fuerzas, y el hombre se retuerce.

Le quita el arma y se acerca al barman. El Gaviota se levanta y corre hacia la escalera.

- Estamos en paz, tío -.

Miguel observa el arma, le quita el seguro, apunta a un pie del barman y dispara. Este vuelve en sí, y chilla con estruendo.

- ¿Dónde ha ido tu jefe, cerdo? –

El arma vuelve a disparar.