marzo 22, 2013

No soy yo el malo

- ¿Cree que yo no sé jugar a este juego, que nací ayer, me toma por un ratero...? -

- Le tomo por un criminal, me da igual el calificativo -.

- Llámeme como quiera, pero yo no tengo nada que ver con... -

- ¿Me estás diciendo, Sergio Layo, que no tenías un arma, que no disparabas, que...? -

- Me estaba defendiendo, no es... -

- ¿Que no estabas reunido con dos importantes capos de la mafia, entre ellos tu padre, que no provocasteis una explosión, que...? -

- Le digo que no. Le digo que no. Sí estábamos reunidos, y mi abogado le podrá explicar lo legal que es una reunión informal entre viejos conocidos. Pero no provocamos ninguna explosión -.

- Sin embargo es curioso como Viktor le Monma, si se confirma su identidad, ha resultado muerto como tú también afirmas, mientras tú estás aquí contándome tonterías que, como comprenderás, no sirven de nada -.

- Escúcheme un momento. Ayer hubo un tiroteo en el Barrio de los trenes y murió una niña pequeña, seguro que tiene constancia de ello. El padre cree que hemos sido nosotros y está buscando venganza por su propia mano. ¡Él es el culpable, él hizo estallar todo! Tanto si me cree como si no, si le encuentra, verá como todo le cuadra. A él es al que tiene que detener -.

- Podría cuadrarme, Sergio. Pero tú no te vas de aquí hasta que no lo aclaremos todo, y presiento que ni siquiera, aún siendo como tu dices, vamos a encontrar nada bueno ni de lo que dices, ni de ti -.

Tras la explosión

Sergio escupe en la carretera saliva, sangre y pequeños trozos metálicos. Corre en pocas zancadas y con la misma fuerza con la que avanza tira de su padre, que le sigue a duras penas. Los dos llevan rotos en la ropa y heridas en la cara. La estrecha calle está invadida de un ruido ensordecedor, del crepitar del fuego, alarmas de coche y sirenas de la policía.

Algunos hombres más salen del edificio entre la confusión. Unos disparan hacia Sergio y su padre y, después, se disparan entre ellos.

Sergio se refugia en un coche y dispara hacia los hombres que les disparan, sin distinguirlos de los que no lo están haciendo.

Mihai alcanza su coche y se refugia dentro, en el asiento del piloto, y lo pone en marcha.

- ¡Sergio! -

Un coche de policía aparece en la calle a toda velocidad. Siendo alcanzado por las balas, pierde el control y se estrella junto al coche en el que Sergio se refugia, y todo se envuelve en humo.

Mihai mira por el retrovisor buscando a su hijo. Un policía sale del coche patrulla y se pone a cubierto mientras habla por su walkie-talkie. Mihai saca el coche del aparcamiento y se aleja a toda velocidad.

Cuando tuerce la esquina varios coches de policía se meten en la calle, mientras un grupo de policías ya está acordonando, al final de la calle a la que se ha incorporado, la otra entrada del garaje. Un coche sale de su estacionamiento y sigue al de Mihai.

Mihai llega a su casa, para el coche y hace señas a sus hombres, que le están esperando, nerviosos, atentos. Da instrucciones y entra en la vivienda.

A los pocos minutos Mihai sale de su casa, cambiado y con un arma que se guarda mientras anda a paso ligero. Un coche llega y un hombre le saluda, preocupado. Mihai se monta en su coche y se marchan.

El coche que le había seguido acelera y atropella a los dos hombres de la puerta de la casa, que no se apartan a tiempo. Unos tiros rematan el trabajo del coche.