diciembre 13, 2013

Al final del camino


AL FINAL DEL CAMINO

Salir de Madrid no fue difícil. Avanzamos pegados al arcén, aunque tan solo circulaba un coche cada hora. Días después se redujo esa frecuencia, y abandonamos la desprotección de la carretera por miedo a las intenciones de esos escasos conductores. Por el camino encontrábamos más caminantes, con los que compartíamos la poca información que teníamos mientras andábamos como si de una peregrinación a Santiago se tratase. Solo que, en este caso, nadie sabía a dónde dirigirse, o qué camino seguir.

Yo estuve bien la mayor parte de nuestro camino. El doctor Emile me diagnosticó después un cáncer de intestino, y otro más leve de estómago, cuyos síntomas todavía no habían comenzado a ser un problema. Sin embargo en mi hermana, a sus once años, la enfermedad despertó con más fuerza, y se aquejaba de fuertes dolores en la cabeza, y vomitaba sin motivo cada dos o tres días. 

Intenté cuidarla lo mejor que pude, buscando comida, manteniendola abrigada, cargando con ella muchas veces. No era el mejor entorno, conforme empeoraba me planteaba detenernos en algún pueblo. Pero la esperanza empuja, y mata. Deseaba llegar a Barcelona, ver los barcos y los trenes de los que hablaban, viajar a Finlandia, ser recibido por esos centros, salvarnos al fin. Lo siento Ángela.

"Al final del camino la muerte.
Si vives, que sea un camino
y no la senda que desconoces.
No andes a la suerte que el destino
no conoce de vivos, ni de pasos, ni de voces...."