marzo 21, 2014

Entrevista a Hellen Goodbridge IV

Septiembre de 2058, Entrevista a Hellen Goodbridge IV

H: No, primero fue la fábrica de vigas. Buscaba allí cosas de utilidad, lo que fuera. Estaba muy bien cerrada, gracias a Dios, y no había entrado nadie. Claro está que la gente buscaba más comida que maquinaria pesada porque por aquel entonces era casi imposible vender nada que de ese tipo.

E: ¿Por qué esa fábrica primero?

H: Bueno, en realidad visitaba muchas de las propiedades de los Goodbridge. En el piso tenía todas las llaves, al menos de las oficinas, y lo primero que hacía allí era coger el resto de llaves de cada edificio. Alguna vez tuve que saltar un muro para dar con la oficina, fíjese, o romper una cristalera.

E: Todo héroe tiene villanos.

H: (Ríe) Y la fábrica, bueno, fue una oportunidad que vi. De vez en cuando pasaba por allí gente husmeando. yo me escondía al principio. Pero un día encontré un grupo mirando y desde la ventana de la primera planta les grité una pregunta que brotaba de la rabia que sentía y las ganas por restaurar todo aquello y volver a la normalidad: ¿Queréis trabajar?

E: Y así empezó todo a funcionar.

H: Y así empezó todo. Bueno, costó mucho más que eso como comprenderá, sobre todo dar con la fórmula que sustentara aquello al inicio. Les hice un contrato por el que trabajarían sin sueldo durante un año, y que lo que dejaran de ganar se les retribuiría con intereses con el tiempo. Yo sabía que por ese camino, en cuanto la situación se estabilizara, siendo de los primeros en funcionar, ganaríamos seguro. Y si no, pues tampoco teníamos mucho que perder. Y ellos, con firmar un papel en el que ponía que estaban empleados, se conformaban. Además creé una colectividad para mantener viable aquello, pues no podían trabajar sin comer o dormir: habilitamos un área como dormitorio en la fábrica, compartíamos la comida entre todos, cosas de utilidad que encontrábamos, ropa de mi casa,...

E: Y ahí cogiste el apodo de La Jefa.

H: Me lo preguntaban todo, y yo les dirigía. Me tenían gran respeto.

E: ¿Y no temía que le quitaran la fábrica?

H: No. Era yo la heredera de los Goodbridge, no ellos. Y eso lo entendieron muy bien desde el principio.

marzo 14, 2014

El nuevo desorden


EL NUEVO DESORDEN

Yo no viví aquella avalancha. Lo que sé es por documentación, o por lo que me pudo contar Emile, que sí lo vivió. Durante un tiempo no hubo más control ni ley que lo que marcaba la suerte. Incluso en estas apropiaciones, algunos conseguían con el tiempo legitimarse como dueños. Otros eran linchados por impostores, como si se diferenciaran algo con los primeros. No sé si volvimos a una época de crueldad, como se suele decir, o si esta siempre estuvo latente, deseando su turno. Irónico.

Nos quedaban solo dos días de camino cuando nos topamos con aquel grupo de degenerados, de mal nacidos, de no humanos porque, ni siquiera ese calificativo puedo concederles. Mi hermana estaba ya muy mal, y yo intentaba infundirle fuerzas con promesas. Vimos al grupo husmear cerca de la carretera, y creyendo que si nos ayudaban con agua, o indicándonos cuánto nos faltaba, nos serviría para levantarnos el ánimo, decidí acercarnos.

Nada más pisar la carretera uno de aquellos hombres me golpeó en la cabeza con un tablón de madera. Caí rodando por la cuneta, sangrando, oyendo los gritos de mi hermana, y poco más. Cuando desperté estaba anocheciendo. Me habían dado por muerto. Tumbado, torcido, inmóvil, con una mezcla de sangre y arena del suelo por la cabeza. Me dolía todo el cuerpo. Intenté incorporarme con dificultad. Tosía sangre, y notaba la herida palpitante, aunque ya no sangraba. No veía bien, por la oscuridad o por la sangre. Mejor hubiera sido despertar en el averno.…

Ángela estaba en el asfalto, blanca, quieta, muerta. Con la ropa hecha girones, y con una cuerda alrededor de casi todo el cuerpo. Nos habían robado todo, caí después en la cuenta de que a mi también me faltaban los zapatos y la chaqueta, pero en ese momento no era lo importante. A un ser tan inocente que sufría, le habían incrementado el dolor, para quitárselo después de golpe, sin esperanza alguna. La habían atado y violado, y seguramente en el forcejeo, había muerto asfixiada.

Lo recuerdo tal como fue, para que no se olvide. Ya en la distancia tengo las fuerzas para hacerlo, pero entonces había sido como recibir un golpe más duro que el de la cabeza. No me pude mover del cuerpo de mi hermana, abrazándola, llorando. Poco a poco pude sobreponerme, la necesidad lo exigía, y cargué con mi hermana hasta un conjunto de casas vacías. 

Allí la enterré como mejor supe, junto a un manzano en el que grabé su nombre.

marzo 07, 2014

Entrevista a Hellen Goodbridge III

Septiembre de 2058, Entrevista a Hellen Goodbridge III

E: Y entonces llega un día en el que dices: hasta aquí hemos llegado.

H: Bueno, no es un día, así mágicamente como en las historias de héroes. Fue como una consecución de inquietudes.

E: ¿La mayor?

H: (Piensa) Quizás, el vacío. Cuando pasaron los disturbios hubo un tiempo en el que parecía que nadie seguía vivo y eso me aterraba, quedarme allí y morir me parecía la misma cosa, así que empecé a salir. Buscaba comida y volvía, hablaba con alguien y volvía,...

E: ¿No sufrió ningún ataque durante ese tiempo?

H: Por supuesto, vi de todo. Reinaba el caos y la violencia en las calles, pero poco a poco la gente iba retomando los distintos espacios. Había cosas terribles que se veían y otras que seguían sin admitirse aún en aquella situación. Te podría contar mil encuentros, pero por lo general me movía por donde me tenía que mover, y actuaba como tenía que actuar, y conseguía salvarlo, pero...

E: ¿Algunas? Perdón...

H: Si. Pero como te decía, si no salía fuera, moriría dentro.

E: Entiendo. ¿Alguno de esos encuentros que recuerde peor?

H: No lo sé. La frontera quizás, acercarte a los límites de la ciudad era la muerte, allí muchos futuros muertos habían hecho barricadas para que no entrase ni un solo inmigrante más. Allí vi morir niños, mujeres, compañeros,... Era un horror sin sentido: solo se ocupaban de una franja de terreno, como acto desesperado de reivindicación sin importarles nada más. Nunca me acerqué demasiado pero cada vez que tenía que pasar cerca vivía un miedo horrible.

E: Entiendo. Y luego desaparecieron.

H: Sí, con el tiempo desaparecieron todos los radicales, conforme iba volviendo todo a la normalidad.

E: Usted fue una de las que logró esa vuelta a la normalidad, ¿cómo empezó a gestionar el hospital?

H: Antes de empezar a salir, cuando todavía reinaba el caos, registraba la casa de los Goodbridge una y otra vez, como buscando una ventana secreta a no sé qué mundo. Intentaba evadirme de todo aquello, sobre todo cuando golpeaban las puertas, o prendían hogueras en la calle. Encontré los datos de todas las empresas de la familia, entre estas la del hospital. Eran muy meticulosos. Y las leía, incluso soñando que yo dirigía aquellas cosas que leía. Pero era en mi imaginación, como un juego, ni imaginar que aquello pudiera convertirse en realidad.