diciembre 18, 2015

Mirando el interior


Hace mucho tiempo existía una manada de caballos en el norte de áfrica que vivían felices dentro de su comunidad. Todo transcurría con normalidad y tranquilidad, dentro de un orden de comida, paseos y sueños, sin ningún problema: un lugar perfecto para vivir.

Un día algo alteró ese orden: nació uno de los caballos con unas extrañas rayas negras por todo el cuerpo. En la escuela, los demás potros se reían de él.

- Qué raro eres – le decían. Y nuestro pequeño animal se sentía muy solo y triste, y quiso alejarse de aquel lugar, porque creía que no encajaba. Pero no todos pensaban igual.

- No te preocupes Cebra. – le dijo un caballo a nuestro protagonista, ya que ese era su nombre – Claro que eres diferente, todos los somos, solo que a ti se te nota a simple vista. Todos somos especiales de una u otra forma y si ahondáramos más en los demás lo descubriríamos. Si quieres, para que te sientas mejor, me pintaré unas rayas negras para parecerme a ti.

Y no fue el único, porque desde entonces en aquella comunidad se pusieron de moda esas rayas negras que hacían diferente a nuestra Cebra. Pero, lo mejor de esta historia es que, desde entonces, aquellos animales intentaron conocer mejor aquello que los hacía únicos no a simple vista, sino mirando en el interior.

diciembre 11, 2015

De hogar en hogar


Erase una vez un pájaro que volaba de lugar en lugar buscando un hogar en el que quedarse.

- Necesito un sitio en el que instalar mi nido – se decía – pero no puede ser cualquier sitio, sino aquel que me inspire confianza.

Desde pequeño le habían enseñado que para formar una familia debía estar donde todos los que le rodeasen fuesen leales a él, y él fuese leal a los demás…

- No seré leal con nadie hasta que no sean fieles conmigo – insistía – y no confiaré en ningún sitio que yo no sienta como mi hogar.

Con este argumento viajaba de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad. Siempre que llegaba a un sitio nuevo se acomodaba rápido y conocía a mucha gente, y todos le pedían que se quedara allí. Pero el pájaro, al cabo de un tiempo, terminaba marchándose.

- No confío en este sitio – pensaba para sí – no estoy seguro de que sean leales conmigo, así que yo no lo seré con ellos. Viajaré un poco más para encontrar un buen hogar.

- Entiendo que te vayas, y me apena – le dijo una vez una gallina cuando se enteró que se iba de su corral – pero quiero que sepas que aquí siempre tendrás un sitio con nosotros.

Pero al pájaro no le valían esas palabras. Y así siguió, volando de sitio en sitio, buscando el perfecto para él. Y, sin darse cuenta, dejando atrás en cada lugar que dejaba, un hogar fiel que deseaba que volviera.

diciembre 04, 2015

Un rato(n) de amistad


En un viejo bosque existía un búho que pasaba todas las noches observante, siempre desde la misma rama. Con el tiempo se había hecho un animal muy reservado, y se pasaba largas horas entre los árboles, solo y triste, tan solo observando el bosque.

Un día vio como un ratoncito quedaba atrapado entre las ramas secas, y decidió acercarse para ayudarle a salir.

- Muchas gracias Búho – le dijo el ratoncito – si no hubiera sido por su ayuda no habría conseguido salir de aquí. Buscaré la forma de devolverte el favor.

- De nada ratoncito – le contestó el búho –, pero no te preocupes, no es necesario que  me devuelvas el favor. Salvarte bastó para salir de mi triste rutina.

Pero el ratón, insistente, volvió desde aquella vez todos los días, al menos un ratito para, junto al búho, pensar cómo podría devolverle el favor.

- ¿Qué podría hacer, siendo yo tan pequeño?

- No te preocupes, no es necesario… - respondía con cariño el búho.

Y al no ocurrírsele nada, terminaban siempre hablando de otras cosas: día tras día el ratoncito hacía compañía al búho, hablándole de mil cosas entre idea e idea de cómo devolverle el favor.

El búho estaba muy contento de tener al ratoncito que, sin darse cuenta, ya le había devuelto el favor de sobra. Le había dado lo que más necesitaba: un amigo.

noviembre 27, 2015

Volaré y volaré


Había una paloma que no paraba de volar. Era muy trabajadora, e iba de aquí para allá repartiendo mensajes. No importaba si hacía mucho sol o mucho viento, si llovía o granizaba, si tenía que superar montañas o edificios,… Siempre volaba y volaba hasta su destino para entregar su mensaje.

Un día se sentía muy cansada y detuvo su travesía para descansar. Estaba exhausta, así que se tumbó un rato y mientras miraba las nubes, empezaron a  venirle pensamientos a la cabeza, todos de ellos buenos, y todos de mensajes suyos entregados: aquella carta a la anciana que se sentía sola, la otra del niño a su padre, la otra de dos enamorados, el mensaje de unos amigos lejanos que se añoran,…

Aquellos pensamientos le dieron una gran fuerza. Entendió más que nunca la importancia de su labor, y lo que debía hacer: - En cuanto reponga las fuerzas, volaré hasta mi destino. Y no me importará si hace sol o viento, si llueve o graniza, si sobrevuelo montañas o edificios. Tan solo volaré y volaré hasta entregar mi mensaje -.

noviembre 20, 2015

El tigre Yubia


Érase una vez un tigre que, desde pequeñito, había vivido en el circo. No es que no le gustase la vida circense, pero soñaba con volver a su hogar: correr y jugar en la selva, cazar, vivir aventuras,…

Un día, deseando viajar a su hogar, elaboró un plan de fuga. Pero justo cuando lo iba a poner en práctica, le sorprendieron sus compañeros animales:

- No te vayas – le pidieron, pues con el tiempo se habían hecho grandes amigos. – Si te vas, esto no será lo mismo -.

- Además – añadió un león - ¿cómo podrás dejar de recibir los aplausos y las sonrisas del público cuando actúas? -.

El león tenía razón, pensó el tigre. No podía dejar a todos sus amigos allí. Y además, ver al público feliz le llenaba de alegría. Se convenció entonces de que su verdadero hogar estaba allí, en el circo, donde era útil y le querían.

Y desde entonces se esforzó al máximo para dar todo de sí en las actuaciones. Y resulta que, un día, cercano su cumpleaños, anunció el dueño del circo:
- Queridos animales míos: como estas últimas representaciones han sido tan espectaculares, y estamos teniendo mucho éxito, he decidido que nos tomemos unas vacaciones. Iremos de viaje… ¡a la selva!

Y al oír esto, los ojos del tigre se iluminaron....

octubre 29, 2015

Querer ser....

Erase una vez un gusano cuyo sueño era llegar a ser una gran serpiente. Pese a que ya le habían dicho que para él, eso era prácticamente imposible, el estaba segurísimo de que era eso lo que mas quería en el mundo, y por ello, lo que más le convenía. Quería ser grande, ser un gran depredador, y que los otros animales le mirasen con miedo. Quería ser la mayor serpiente que nunca había reptado por los alrededores.
Eso es lo que quería.

Pero con el paso del tiempo, se fue dando cuenta de la imposibilidad de su deseo, hasta que tuvo que asumir convertirse en capullo, para transformarse en mariposa, animal que no deseaba ser.
Pero nada mas salir de la crisálida, y verse con alas, y lo bonitas que eran, reconoció que estaba equivocado al empeñarse en ser serpiente.

Y así se fue nuestro gusano, volando sobre todos los animales, mostrando sus alas a muchas serpientes de las cuales, algunas, se morían de envidia y soñaban con llegar a ser mariposa, pensando que eso era lo mejor para ellas.

¡Llegan las fábulas!

Acabada la última historia de ficción por capítulos, cambiamos de estilo para comenzar con las fábulas de Nemorum, y otros lugares: - Y dijo el león.... -

Otros enlaces de este blog:

- Ir al primer capítulo de la historia de ficción: Tres años más.

- Ir al primer capítulo de la segunda temporada de Tres años más: El tercer círculo.

- Ir al primer capítulo de la tercera temporada de Tres años más: Criaturas inmortales.

- Ir al primer capítulo de la historia de ficción: Una ciudad cualquiera.


- Ir al primer capítulo de la historia De Éroes y Thánatos.

- Ir al primer capítulo de La historia del extraño viento que sopló antes de la tormenta.


Lavadoras de rascacielos: Recopilatorio de secuencias.


- Ojalá alguien venga: Relato corto.

- Relato del protagonista del largometraje de ficción El príncipe Siro: Los cuatro reinos.

No habrá cine para los malvados: Blog de cine español.

junio 05, 2015

20 Pasó otro año

La noche había caído. La casa seguía en silencio. Todo seguía tan inmóvil como el cuerpo del padre de Zariel.

La madre apareció en el salón y se acercó despacio a la habitación de Zariel, y golpeó la puerta.

- ¿Va todo bien? ¿Qué hacemos? -

- Sí, todo bien, abre - respondió Zariel desde dentro.

- Pero, ¿qué pasa? -

- Nada. Abre. Tenemos que hacernos la foto, hoy es el día, ¿recuerdas? -

- Pero, no, no oigo a… -

- Padre dice que abras. Ahora -.

La madre abrió el pestillo de la puerta, y esta se abrió con un empujón. Tras la madera, un cristal se deslizó con la misma rapidez hacia el cuello de la madre. Esta cayó poco a poco al suelo y comenzó a sangrar.

Zariel apartó su mano del cristal, se agachó y pasó su mano manchada en rojo por el pelo de su madre, que le miraba con miedo mientras se iba apagando.

Zariel cogió el trípode preparado ya en la estantería para el día siguiente y lo desplegaba con tranquilidad. Tras colocarlo, y sobre este la cámara, entró en su habitación y arrastró el cuerpo de su padre hasta el salón.

- Vamos a hacernos la foto, la última para ti, padre, ya no podrás salir más -.

Después de mover también a su madre para colocarla frente a la cámara salió del salón, hacia el otro cuarto.

- ¿Qué pasa, te ha pegado padre? -

Alicia hablaba acurrucada en un rincón, en su habitación, con los ojos húmedos. Zariel se acercó a ella, y le observaba en cuclillas. Le acarició el pelo con las manos manchadas de sangre. Los ojos de Zariel parecían no tener fondo.

- No, no me ha pegado. Pero tranquila, ya no nos hará daño nunca más -.

- Pero ¿qué ha pasado? -

- Papá y mamá se habían convertido en ellos. Pero ya estamos a salvo. No temas hermana -.

- No Zariel, no son ellos. No hay ellos. En el cole me lo dijo Iván. Papá no lo sabe, pero se lo conté todo. Pero les hablé bien de papá, y mamá y de ti. Zariel tienes que creerme. No me mires así por favor. Tienes que creerme -.

La caricia de Zariel se transformó poco a poco en abrazo, en un abrazo cada vez más fuerte, cada vez más apretado.

- También te han suplantado, eres una de ellos -.

Tanto Zariel como su hermana dejaban escapar unas lágrimas de sus ojos, y así duró esta situación hasta que los de Alicia se cerraron, y Zariel le soltó poco a poco.

Cuando terminó de reunirlos todos en el salón programó el tiempo de la cámara, y apretó el disparador. Mientras posaba, su mirada ya no expresaba ira, ni sonreía nadie, ni se movía nada.

Pero en el mismo tiempo en el que el obturador se abría un raro soplo de aire atravesó el salón levantando pelos, gotas y arena, un soplo corto pero fuerte, parecido al que se produce en un exterior, o cuando alguien pasa a tu lado, o cuando se abre con fuerza una puerta.

mayo 29, 2015

19 Arena

La puerta de la casa se abrió con estruendo al paso del padre de Zariel, que tiraba de este. La madre se acercó y el padre le apartó de un empujón.

- ¿Qué pasa? -

- Haz las maletas, nos vamos -.

El padre condujo a Zariel hasta su habitación y le arrojó dentro, sacó una maleta del armario y la abrió encima de la cama. Mientras, Zariel se dejaba llevar con una ira contenida. Apretando los labios, desviando los ojos, y resoplando entrecortadamente.

- ¿Cómo que nos vamos? -

- Papá qué pasa -. Alicia miraba de lejos, con los brazos cruzados, con miedo.

- Nos vamos. Esta casa ya no es segura -.

- Pero si ha sido segura todo este tiempo, ¿qué está pasando? -

- Haz las maletas. ¡Ahora! -

- Vamos Alicia -.

- ¿Pero qué pasa? - La madre y la hija salieron de la habitación.

- Que padre es uno de ellos, eso es lo que pasa -. Dijo Zariel casi susurrando. Su padre le contestó con un bofetón y Zariel le observaba, respirando más profundamente, con sangre en el labio y la piel del cuello roja.

- Cierra la puerta -. El padre indica a la madre, quien cierra la puerta del cuarto de Zariel y cierra el pestillo de esta. Luego cogió a Alicia de la mano y se fueron del salón hacia la habitación.

El padre cogió a Zariel de la cabeza y le empujaba poco a poco hacia su maleta.

- Vas a hacer la maleta como los demás. Por tu culpa esta casa ya no es segura. Debería dejarte aquí para que te encuentren -.

Zariel logró zafarse y, sacando toda su rabia contenida, y le empujó con todas sus fuerzas.

El padre perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, golpeándose contra la pared, junto a un escritorio, junto al terrario.

Zariel cogió el terrario, lo alzó y lo soltó contra la cabeza de su padre, al tiempo que este se agitaba para intentar apartarse, pero sin éxito.

Los cristales invadieron la habitación con un sonido seco, sordo, quizás debido a la cantidad de cosas extrañas que rodeaban la escena, o por la cascada de arena que acompañaba los cristales.

Zariel miraba a su padre respirando fuerte, con la mirada perdida, pero con cierto aire de tranquilidad. De la frente le brotaba una gota de sangre, que se secó con el brazo. Las manos también le sangraban.

Su padre estaba tumbado, convulsionando ligeramente, con la cabeza desfigurada con cristales clavados, arena por todos lados, y sangre, mucha sangre.

mayo 22, 2015

18 Usted se calla

Zariel destrozaba las estanterías de la biblioteca. Tiraba todos los libros al suelo sacando toda su rabia acumulada, la misma rabia que muestra un animal cuando se siente acorralado, la misma rabia del reo de muerte cuando comienza su condena, y no después. Una rabia natural para eliminar todo lo antinatural que puede almacenar una persona.

Estaba solo en la biblioteca, pero hubiese dado igual que estuviera con alguien, o que alguien le observase o tratase de pararlo, todo le daba igual. Fuera discutían dos profesores. Algo se les entendía desde dentro, pero a Zariel, totalmente sordo a todo estímulo, le daba igual.

- Como siempre hasta que no pasa algo, nada -.

- A mi qué me dices, lo llevo diciendo años con la hermana -.

- ¿Pero lleva años viendo a Iván, puede ser? - En esa frase el profesor se giraba para ver el interior de la clase desde el cristal de la puerta, y abría los ojos ampliamente al tiempo que susurraba algún improperio.

Los dos profesores entraron por la puerta y mientras uno comenzaba a recoger dando la situación por imposible el otro trataba de argumentar algo. Pero ambas acciones duraron tan solo un segundo. El padre de Zariel invadió la habitación y se dirigió a su hijo entre los dos profesores, sin importarle que estuviesen allí, le cogió del cuello y le condujo hacia la puerta.

- Oiga, no puede… -

- ¡Usted se calla! - le contestó tajante el padre.

El profesor palideció y enmudeció, mientras que su compañero, más pasivo, resopló, y comenzó de nuevo a recoger.

Zariel trataba de resistirse pero sin mucho ímpetu. Su padre seguía arrastrándole hasta que salieron fuera de la biblioteca.

mayo 15, 2015

17 Humanos


- ¿Y qué te ha dicho? -

- Nada, se quedó callado y no dijo nada -.

- Valiente estúpido -.

- Se creen muy valientes pero se rallan como niños chicos -.

- ¿Alguien vio ayer la final? -

- Qué va, estuve con deberes hasta esta mañana -.

- Yo también -.

- Yo la vi -.

- ¿Quién ganó? -

- José Rú -.

- ¡Qué dices, si canta fatal! -

- Pero está buenísimo. Qué te crees ¿que ganan por la voz? -

- Ya, bueno, no es solo eso -.

- A mi me encanta, no es solo cantar, es saber estar, ser mejor persona que tus compañeros -.

- Vaya tontería -.

- Yo muero con José Rú, ¿no has oído la canción que cantó? -

- ¿Alguien viene al cine esta tarde? -

- ¿Qué es eso? -

El grupo de chicas conversaba en su vestuario mientras se cambiaban. Una de ellas señalaba hacia la ventana y las demás se giraron para observar.

Zariel repasaba el cuerpo de Lara buscando alguna marca que le indicase su falta de humanidad, pero no encontraba nada, aunque tampoco podía comprobarlo todo. Tampoco veía nada en las demás, aunque no era de su incumbencia, tan solo necesitaba asegurarse de que podía contar con Lara para su nuevo plan.

Estaba tumbado boca abajo entre los arbustos, estirado y mirando por la ventana.

- ¡¿Quién eres?! -

Zariel cayó en la cuenta de que había sido descubierto, y se escabulló de su posición a rastras, rozándose con los arbustos que rasgaban su piel, haciéndole pequeñas heridas. Mientras en el vestuario el grupo de niñas gritaba y le insultaban, y corrían para avisar a la profesora sobre el intruso de la ventana.

mayo 08, 2015

16 Yo no soy un suplantado

- Vas a provocar que tengamos que huir. ¡Haz las maletas! - Le decía a Zariel su padre. - Llamas la atención, pegas a tu madre,… -

- Tú también -.

Zariel contestó, y recibió en contra respuesta un golpe en la cabeza con la maleta que el padre tenía asida.

- No es lo mismo. Tú no llevas años estudiando los movimientos de los suplantados. Tú no sabes nada. Y te crees capaz de llevar esta familia, de entender mi plan, de acercarte a muchachas… -

Zariel abrió ampliamente los ojos: - ¿Cómo sabes tú eso? -

- Ves, ahora me lo confirmas. Nos pones en peligro a todos y te da igual. Te da igual porque en el fondo quieres ser uno de ellos -.

- ¡No! -

- Un suplantado, eso es el hijo que he tenido. No deberías hacerte la foto con nosotros, ni deberías vivir bajo este techo. Moriste el día que sopló ese extraño viento, como todos los demás -.

Zariel lloraba con la respiración entrecortada, ahogándose, y con la mirada perdida. Su padre se tranquilizaba, y ponía la maleta, manchada con sangre seca, sobre la cama.

- Hay que hacer la maleta no obstante, no sabemos si tendremos que salir antes o después corriendo. Ya no podemos saberlo -.

Zariel se tranquilizaba, pero a base de una mirada de odio concentrada en cada objeto que le rodeaba. Su padre se acercó a él y le cogió, o abrazó, de manera extraña.

- Escucha Zariel, ya eres un hombre, entiendo tu rebeldía, pero tienes que seguir siendo un niño, por desgracia es así, es muy arriesgado ser un hombre ahí fuera. Hasta que todo pase y nos rescaten, y esperemos que así sea, tenemos que seguir aguantando semi ocultos -.

El padre se levantó y le miró desde arriba. Luego miró la maleta, y andaba lentamente mientras Zariel clavaba sus ojos en cada pisada del padre.

- Tendremos que restringir el número de tus salidas, ya solo colegio y poco más. Alicia empezará a comprar sola. Es por tu seguiridad Zariel, y por la de la familia. Así estaremos a salvo -.

El padre salió de la habitación. Zariel comenzó a llorar otra vez, y luego a murmurar, a hablar consigo mismo.

- No estamos a salvo. Pero lo estaremos. Como una nueva familia. Lo estaremos -.

mayo 01, 2015

15 Suplantar a un padre

Zariel buscaba por toda la habitación de su padre. Abría cajones, armarios, levantaba colchas, alfombras, cortinas, movía cuadros, pero con exactitud en su restauración, dejando todo tal cual estaba, y con una lentitud espasmódica, quizás por sigilo, quizás por perfección, o por la simple labor del escrutinio.

Cada vez que encontraba algo semejante a lo que estaba buscando lo examinaba minuciosamente. Su tarea se prolongaba y, al inicio de tal extremo obsesivo, comenzó a olvidarlo todo, y a rechazar cualquier estímulo externo que no fuese su búsqueda, como por ejemplo el sonido de su madre volviendo a casa de la mano de Alicia, como siempre pese a no tener edad para ello, ambas regresando de alguna tarea presente en la lista del padre, alguna tarea para localizar alimentos no adulterados o cualquier otra cosa necesaria para la familia.

- ¿Qué haces aquí Zariel? ¿Qué estás buscando? -

- Nada -.

- Alicia, vete a tu cuarto -.

- Yo me voy también -.

- No estarás... Zariel no estarás buscando el plan de tu padre. Ahora entiendo por qué me preguntaste antes... -

- Si es así, ¿me lo dirías? -

- ¿Por qué quieres ver el programa de tu padre? -

- ¿Y si le pasa algo? Tantos años elaborándolo para sobrevivir y se perdería. Tengo que aprender a usar la lista, los lugares, las horas, los alimentos,... -.

- Zariel, tranquilízate. Solo tu padre sabe usarla -.

- Te equivocas. Y llegará un día en el que él no pueda. ¡Dónde está! -

- Zariel me estás asustando. ¡Sal de aquí! -

- ¡Que me digas dónde está! -

- ¡Basta ya! -

- ¡Dónde está! -

Zariel agarró a su madre para forzarla a contestar y esta comenzó a zafarse de él. En el arrebato de ira Zariel golpeó a su madre, y esta cayó despacio hacia el suelo.

- ¡Dime dónde está! ¡Dónde está! ¡Dónde está! -

- Vete de aquí. Vete de aquí -. Lloraba, y seguía intentando quitarse de encima a Zariel, que le mantenía cogida mientras le preguntaba, escupiéndole las palabras con mucha ira e impaciencia.

- Dime dónde está -.

- No existe. No la encontrarás porque no existe, no está escrita. Tu padre la tiene en la cabeza - lloraba y se rendía a la fuerza de su hijo. Este aflojaba un poco con las manos, pero no con la mirada.

- Mientes. ¡Dime la verdad! ¡Dónde está! -

- Es la verdad, no existe el plan, está en su cabeza. Es la verdad -.

abril 24, 2015

14 En mi mente, en tu mente

Algo iba mal. Algo había cambiado. Algo no estaba como debía estar, o fuera de su lugar, pero estaba, porque su presencia era lo que notaba, como una pesa de ejercicios dentro del cuerpo que a cada paso se abre un nuevo hueco en este, hueco en el que no encaja, ni lo hará.

Algo iba mal, pero no era él, pensaba Zariel. Él sabía que no era él, no podía ser, seguía como siempre había sido. Los cambios venían de fuera, eso es lo que percibía.

Sin embargo miraba a su alrededor y sabía que algo era distinto en las personas, aunque no supiese qué. ¿Qué sabían?

Además su padre parecía distinto, ¿qué ocultaba? Había dejado de hacer muchas cosas que en el día a día de Zariel resultaban normales, pero no sería así en una observación ajena a su familia.

Y ¿por qué? ¿Por su acercamiento a Lara? No, no podía ser, nadie lo sabía, a penas se notaba, y ella no habría dicho nada, no, porque ella no era uno de los suplantados, no lo era. ¿O quizás sí? En tal caso, ya estaría toda su familia muerta. Zariel pensaba que tenía que encontrar alguna forma de asegurarse de que ella era como él, humana, superviviente de la explosión, superviviente de aquel extraño viento. Pero, ¿cómo? No, ella no era como los demás, en su interior lo sentía. Algo sentía en su interior.

Zariel se paseaba por el centro comercial mirando las caras de las gentes. Hacía ya rato que Lara se había ido con sus amigas, a las que había observado también. Y aunque se estaba saltando el plan de su padre, allí seguía Zariel. Ya se le ocurriría alguna excusa.

Por las galerías, y tiendas, y escaleras mecánicas, y vestíbulos, Zariel iba de un lado a otro, como un paseante más, disimulando los cambios de dirección y sentido que, en un observador curioso, resultarían inquietantes.

Pero tenía que observar, observar a esa masa suplantada, a esas máquinas o lo que fuesen, tampoco lo supo con exactitud su padre antes de elaborar el plan, cuando descubrió todo lo que había pasado, o cuando descubrió "la tormenta", como él lo llamaba. Zariel buscaba respuestas mirando a esas pseudo personas que parecían como humanos corrientes y molientes pero que, en su cabeza, como en la de su padre, no lo eran, y que realmente encerraban mentes adoctrinadas.

Mentes adoctrinadas a punto de estallar.

abril 17, 2015

13 Borrado

- Papá se equivoca -.

- Lo hace para protegernos -.

- Se equivoca, y punto -.

- No sé -.

- ¿No te das cuenta? ¿Qué pasa si se convierte en uno de ellos y vuelve a casa e intenta que nosotros también lo seamos? -

- Papá no haría eso nunca -.

- Y tú qué sabes. Acaso no son todos los suplantados así, y ni lo notas -.

Zariel borraba anotaciones a lápiz en el libro del colegio de Alicia, mientras esta, sentada, le miraba.

El cuarto estaba limpio y ordenado, pero lleno de elementos disonantes, incluso algunas cosas cogidas de la calle. En una esquina había un terrario, vacío. Las persianas y las cortinas estaban cerradas pese a ser de día. La puerta estaba abierta, y se veía un pestillo en esta, por fuera.

- Padre debería explicarnos cómo es su plan y las rutas para conseguir alimentos por si le pasa algo sepamos encontrar comida -.

En la casa no se oía nada, un silencio roto solo por el roce de la goma de borrar sobre el libro con los movimientos repetitivos y enérgicos de Zariel. En una de sus envestidas arrugó una hoja y, pasando la mano con fuerza, intentaba plancharla para enmendarlo.

- ¡Mierda! -

- Pero. Zariel. ¿Tú crees que es verdad? -

- El qué -.

- Lo del plan y que todo el mundo ya no es todo el mundo… -

- ¿Qué dices Alicia? -

- Nada, solo que… -

- No vuelvas a repetir eso. No quiero oírte otra vez. ¡No! -

- Vale, vale. Lo siento -.

- No. Tienes que entenderlo. Puede ser peligroso. No se trata de que te lo creas, es la verdad. Estamos rodeados por ellos. ¿lo entiendes? Por eso necesitamos tener el plan de papá -.

abril 10, 2015

12 Nuestra comida

- Y en el recreo estuvimos jugando, y me comí todas las galletas. María me preguntó si iría a jugar a la tarde, y le dije que no podía - explicaba Alicia -. Después la profesora preguntó por las capitales, y yo me las supe todas -.

- Pero sabes que no son las reales, ¿no habrás olvidado las que te enseñé? -

- No mamá, me acuerdo de las dos a la perfección -.

La familia comía en la cocina, que estaba desordenada, como si hubieran cocinado rápido para comer a tiempo antes de volver al trabajo y la escuela, y, sin embargo, la madre había pasado toda la mañana allí.

Alicia hablaba de su día casi melancólicamente, como si de un juego se tratase, y no de su vida. Un juego al que sabía jugar muy bien, o eso parecía.

Zariel estaba pensativo, con la mente abstraída. Su padre le observaba detenidamente, intentando leer dentro de él. Entonces, soltó su cubierto y le asestó a Zariel un golpe fuerte con la mano abierta en la cabeza. Este, que no se esperaba la colisión, impactó su cabeza contra su plato.

Todos callaron y observaban la escena, sin decir nada, sobresaltados. Zariel contuvo la rabia, sabía que sería peor quejarse.

- ¿Qué has hecho? - le preguntó su padre.

- Nada - le contestó.

- A mi no me mientas. Algo has hecho, estoy seguro -.

- No he hecho nada padre, de verdad. Nada -. Zariel se inquietó, pero se mantuvo firme.

- Esta comida no sabe igual, aquí hay algo que se ha comprado fuera de la ruta, fuera de mi plan. ¿Para qué te digo cómo obtener alimento no adulterado si no eres capaz de hacerlo? ¿Qué quieres, envenenar a tu familia? -

- Yo no he comprado nada fuera de la ruta que me dijiste, de verdad padre, siempre compro en los tiempo que tu me indicas -.

- No te creo. La comida de hoy te la vas a comer tú entera. Pasadme los platos, hoy come solo Zariel. Así aprenderá a hacer correctamente las rutas -.

Zariel tragó su ira y, enfadado, empezó a comerse su comida. Alicia le miraba con los ojos húmedos, e intentaba igualmente no cruzar la mirada con su padre, que se acomodó en su silla y observaba a Zariel. La madre se levantó para recoger.

- ¡Siéntate ahora mismo! - le gritó el padre. - No nos moveremos ninguno hasta que no termine de comerse nuestra comida -.

marzo 27, 2015

11 Podría llegar a ese punto en el que no me importa nada más

- Lara, espera -.

- ¿Qué quieres Zariel? -

- ¿Tienes el ejercicio de mañana hecho? -

- Sí, ¿quieres verlo? -

- No. Es solo que,… Bueno sí, quiero verlo -.

- No te entiendo. ¿Este es el que quieres ver? -

- ¿Tu crees que lo que dice el libro es verdad, sobre lo que…? -

- Zariel, eres muy raro -.

- Ya. Lo sé -.

- Aunque no eres lo único raro, ni lo más extraño que se puede ver por aquí -.

- ¿Verdad? Yo, sé que, no sé, a veces pienso que… -

- Yo también me rallo muchas veces, no le des más vueltas. ¿Querías el ejercicio o qué? -

- No, en realidad, creo que tú también eres rara -.

- Ah, muchas gracias, supongo -.

- No, me refiero en el buen sentido, es decir, me gustaría conocerte -.

- Bueno. No sé. Podría ser. No creo que pase nada por conocerse -.

- Exacto, yo he pensado lo mismo. Yo, bueno, me gustaría conocerte -.

- Jajaja, sí, eso ya me lo has dicho. Aunque te aviso que no suelo tener paciencia para estas cosas, pero si quieres que tomemos algo algún día, puedes invitarme -.

- ¿Tienes horarios o algo, o sabes dónde ir? -

- No, no me importa, donde tú digas estará bien -.

- De acuerdo entonces. No sé si decirte, bueno, mejor cuando nos veamos otra vez -.

- Bueno, como quieras. Pero intenta no presentarte más raro que hoy. Jajaja -.

- No, tan solo igual -.

- Estupendo, entonces tan solo igual para mi también -.

febrero 27, 2015

10 La historia del extraño viento

Zariel y Alicia observaban un dibujo en el que una muchacha observa un prado, y el viento soplaba. La madre le explicaba a Alicia que el dibujo lo realizó Zariel cuando tenía su edad, y que lo hizo a partir de una fotografía que le tomó a ella su marido. La madre salió del salón y regresó con la fotografía, prácticamente igual que el dibujo.

La madre era mucho más joven, tal y como les explicaba a los niños, y en su vientre ya estaba Zariel, pero no se notaba. En la imagen estaban de vacaciones, habían salido de la ciudad unos días, y entonces sucedió. Zariel se sabía la historia de memoria, de tantas veces que la habían contado su padre, su madre, o ambos a la vez:

Antes de todo, sopló un viento, un único soplo largo que movió toda la flora, pelos y ropa, y levantó hojas y tierra. Después vimos con claridad la explosión, una columna roja que subía y a la que le seguía humo negro. Después vino el ruído, un estruendo sin igual que silenció todo lo demás. Y después, la tormenta.

- El cielo se volvió gris negro, y llovía, cayendo las gotas más largas jamás vistas. O tan solo era una impresión. Mientras tanto a lo lejos el fuego y el humo parecían buscarnos para darnos caza, pero nunca sucedió -.

Después anunciaron lo que había pasado por todos los medios durante mucho tiempo: la explosión de una central en las afueras, que había devorado una ciudad vecina al completo, pero que la rapidez de la actuación del gobierno y sus profesionales había permitido que el mal no se extendiese, y sería aislada por completo.

- No nos lo creímos. Vuestro padre comenzó a investigar a partir de ese suceso. Y lo descubrió -.

Zariel terminaba unos ejercicios en su libreta. Alicia seguía observando la fotografía, con admiración hacia la hermosa muchacha que era su madre, y con miedo al bucle de viento que se había inmortalizado en esta.

- Me encanta esa foto no solo porque está tomada en un momento en el que no existía toda esta locura, sino también porque capta a la perfección ese momento justo, a ese viento culpable que predijo la catástrofe, o que la causó. Mirad, ahí esta, pese a ser aire, no se puede esconder -.

febrero 20, 2015

09 Tiemblan los libros

Lara se levantó de su mesa para acercarse a una de las estanterías con libros de la biblioteca. Zariel se levantó de inmediato, y se acercó a una estantería cercana al lugar donde depositaba su libro Lara, y fingía que estaba buscando algo en concreto. Lara se movía hacia la posición de Zariel, leyendo lomos, sin percatarse de la presencia de este. Zariel había pensando qué le iba a decir: quería conocerla. Por supuesto no se enteraría su padre, y tenía claro que al más mínimo indicio de peligro, abandonaría su idea.

Pero algo en su interior decía que Lara no era como las demás. tenía que haber más humanos. Ellos no podían ser los únicos. El plan de su padre, el que tantas veces repetía que les había mantenido vivos, tenía muchas lagunas incomprensibles: ¿si habían sobrevivido ellos, por qué no otras familias? ¿Cómo se puede suplantar una población entera? - bueno, ese es otro tema - pensaba Zariel, y en ese momento estaba concentrado en otra cosa.

Lara se acercaba mientras revisaba las estanterías, y Zariel seguía fingiendo, esperando su turno. Pero las piernas le temblaban, y se le hacía un nudo en la garganta. Lara pasó de largo, emitiendo tan solo un triste "perdona", acompañado de una sonrisa, indicándole con educación que estaba en medio. Y se alejaba entretenida en su tarea.

La rabia de Zariel fue materializándose en su interior despacio, sin prisas, contenida, sin dar señales al exterior. - Soy capaz de exponerme saltándome el plan de mi padre, y no puedo ni hablar con una niña que, quizás, ni sea humana -.

febrero 13, 2015

08 Profesora

- No, otra vez -.

- Ell zelo par lla notcie tere estellas -.

- Mu ben, otra vez -.

- Ell zelo par lla notcie tere estellas -.

- Ahora tú, Zariel -.

- Ell zelo par lla notzie tere estellas -.

- ¿Q tere ell zelo par lla notcie? -

- ¿Qué? -

- Vamos hijo -.

- Estellas -.

- Muy bien Alicia -.

- En el colegio no, pero en casa podría estar en tu curso y tú en el mío -.

- No te alucines, mocosa -.

- Ya está bien. Zariel, ¿qué te pasa? Estás muy desconectado -.

- No creo que esto sirva para mucho. ¿De verdad crees que volveremos a hablar el antiguo dialecto algún día? Y si tan importante es, ¿por qué no nos lo enseñaste de pequeños? -

- No cuestiones los planes de tu padre, él tiene una razón para todo, y ahora toca que lo aprendáis. Y no me vuelvas a hablar así. He hecho todo por vosotros, para salvar a la familia, y os da igual -.

Su madre rompe a llorar. Alicia la observa seria e inmóvil, y traga saliva. Zariel da un golpe fuerte contra la mesa, sabe que la escena le costará cara.

- No tendría que estar dando clase en casa, con unos alumnos que son unos desagradecidos. Tendría que estar en la universidad, no tendría que haberme ido, pero ya no existe. Nadie existe. Y a vosotros no os importa nadie, ni queréis aprender -.

- Yo si quiero aprender - decía Alicia.

- Y para qué, algún día nos descubrirán y seremos como los demás, puras copias que se alimentan de basura -.

- ¿Y lo que tenemos en casa no es basura? - Zariel supo al instante que eso le costaría como así fue un fuerte golpe en la mejilla propiciado por su madre, que se levantó y se fue.

febrero 06, 2015

07 Sangre

- Tú estás colado por Clara -.

- Otra vez, que no -.

- Venga hombre, si no paras de quedar con ella -.

- Hombre, si estamos saliendo es lo normal, ¿no? -

- Ya, si estás saliendo, y estás colado -.

Los amigos de Zariel charlaban sentados en el banco del parque de su barrio, mientras comían pipas. Zariel, sentado, intervenía en la conversación lo que le apetecía, que era más bien poco. De vez en cuando miraba el reloj, para no pasarse de la hora destinada a estar con su grupo de amigos en el parque, atendiendo a las instrucciones de su padre.

- Bueno, yo tengo que irme -, dijo cuando el tiempo terminó.

- Joder Zariel, pareces la puta cenicienta, siempre haces lo mismo -.

- Y en punto como un reloj portugués, ¿qué eres un robot o qué? -

Un escalofrío recorrió todo el cuerpo del muchacho, mientras se le secaba la garganta. Cerró los ojos, los abrió y contestó de carrerilla.

- ¿Qué quieres que haga? Tengo que ayudar a mi madre o mi padre se enfada cuando llegue del trabajo -.

Mientras se levantaba del banco en el parque entraba Lara usando un monopatín. Un nuevo escalofrío le recorrió el cuerpo pero esta vez era muy distinto, más bien cálido.

- ¿Es Lara? Qué buena está la tía -.

- Oye, es amiga de Clara, ¿verdad? Podrías pedirle que me la presente -.

Zariel no oía a sus compañeros. No oía nada. Tan solo miraba a la niña que aceleraba en una pequeña rampa y, entonces, se cayó. Tan solo se acercó corriendo un padre que estaba con su bebé, pero ella le indicó que estaba bien, y se sentó en el suelo mientras se miraba la rodilla.

Los amigos de Zariel se reían de ella. Él observaba a Lara, su expresión de dolor, después de despreocupación, y como se ponía en pie sin dificultad, y buscaba su monopatín. También miraba su rodilla desnuda, marcada ahora por una herida que sangraba.

enero 16, 2015

06 Aparte de las apariencias

- Aquí estamos a salvo -.

- Lo sé -.

- Los de fuera son maquinas, pseudo humanos repuestos tras la explosión con el objetivo de mantener las apariencias, de mantener un país entero, hecho a la medida de unos seres que no vemos. Pero se está librando una batalla, y nos liberarán, sabrán que nosotros.... -

- Padre, ¿crees que hay más como nosotros cerca, a nuestro alrededor? -

- ¿Qué más te da? ¿Quieres ponernos en peligro a toda la familia preguntando por ahí? ¿Qué tienes en mente? -

- Nada -.

- No vuelvas a preguntarme tonterías. Aquí estamos protegidos, comemos lo que tenemos que comer, sin importarnos vomitar después los alimentos que nos dan en la escuela o en mi trabajo. Aquí vestimos como tenemos que vestir, sin imposiciones. Y yo me encargo de que recibáis una educación sin mentiras, sin adulterar. ¿Sabes lo que me cuesta enseñaos cosas del antiguo mundo, y trabajar, y buscar comida,....? -

- Tienes razón -.

- Para que tu me preguntes si hay o no más humanos entre nosotros, ¿qué más te da? No te van a salvar. El mundo se ha convertido en una apariencia, pero los que tenemos que guardar las apariencias somos nosotros -.