junio 05, 2015

20 Pasó otro año

La noche había caído. La casa seguía en silencio. Todo seguía tan inmóvil como el cuerpo del padre de Zariel.

La madre apareció en el salón y se acercó despacio a la habitación de Zariel, y golpeó la puerta.

- ¿Va todo bien? ¿Qué hacemos? -

- Sí, todo bien, abre - respondió Zariel desde dentro.

- Pero, ¿qué pasa? -

- Nada. Abre. Tenemos que hacernos la foto, hoy es el día, ¿recuerdas? -

- Pero, no, no oigo a… -

- Padre dice que abras. Ahora -.

La madre abrió el pestillo de la puerta, y esta se abrió con un empujón. Tras la madera, un cristal se deslizó con la misma rapidez hacia el cuello de la madre. Esta cayó poco a poco al suelo y comenzó a sangrar.

Zariel apartó su mano del cristal, se agachó y pasó su mano manchada en rojo por el pelo de su madre, que le miraba con miedo mientras se iba apagando.

Zariel cogió el trípode preparado ya en la estantería para el día siguiente y lo desplegaba con tranquilidad. Tras colocarlo, y sobre este la cámara, entró en su habitación y arrastró el cuerpo de su padre hasta el salón.

- Vamos a hacernos la foto, la última para ti, padre, ya no podrás salir más -.

Después de mover también a su madre para colocarla frente a la cámara salió del salón, hacia el otro cuarto.

- ¿Qué pasa, te ha pegado padre? -

Alicia hablaba acurrucada en un rincón, en su habitación, con los ojos húmedos. Zariel se acercó a ella, y le observaba en cuclillas. Le acarició el pelo con las manos manchadas de sangre. Los ojos de Zariel parecían no tener fondo.

- No, no me ha pegado. Pero tranquila, ya no nos hará daño nunca más -.

- Pero ¿qué ha pasado? -

- Papá y mamá se habían convertido en ellos. Pero ya estamos a salvo. No temas hermana -.

- No Zariel, no son ellos. No hay ellos. En el cole me lo dijo Iván. Papá no lo sabe, pero se lo conté todo. Pero les hablé bien de papá, y mamá y de ti. Zariel tienes que creerme. No me mires así por favor. Tienes que creerme -.

La caricia de Zariel se transformó poco a poco en abrazo, en un abrazo cada vez más fuerte, cada vez más apretado.

- También te han suplantado, eres una de ellos -.

Tanto Zariel como su hermana dejaban escapar unas lágrimas de sus ojos, y así duró esta situación hasta que los de Alicia se cerraron, y Zariel le soltó poco a poco.

Cuando terminó de reunirlos todos en el salón programó el tiempo de la cámara, y apretó el disparador. Mientras posaba, su mirada ya no expresaba ira, ni sonreía nadie, ni se movía nada.

Pero en el mismo tiempo en el que el obturador se abría un raro soplo de aire atravesó el salón levantando pelos, gotas y arena, un soplo corto pero fuerte, parecido al que se produce en un exterior, o cuando alguien pasa a tu lado, o cuando se abre con fuerza una puerta.