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febrero 10, 2012

12 Prueba de fuego

Enfrentarse al cambio, a lo nuevo, a lo desconocido, no es tan fácil, siempre y cuando preveas que puedes estar a la altura. Conocer si lo estás es lo realmente complicado.

Comenzamos la tarea rodeados de unas tres mil personas: ya en ese momento supimos que no sería fácil. Brouwkoe daba un mitin en el polideportivo de una ciudad pequeña, aclamado, arropado por todos.

- ¡Arrasaremos con los que invaden nuestro camino! - arengaba bajo la ovación.

Cuando nos vio por los pasillos, mandó a sus guardas dispararnos. Pero ya estábamos suficientemente cerca como para deslizarnos mientras desenfundaban, y asestarles una estocada.

Paul cogió la pistola y disparó a Brouwkoe, que corría hacia la habitación. Cayó al suelo, pero se levantó y siguió corriendo. Así no le detendríamos y lo sabíamos.

Nos dividimos. Paul entró en la habitación y le buscó: estaba escondido bajo la cama. Le retuvo en esta, mientras se regeneraba de las heridas. Yo corrí de vuelta al polideportivo. Tenía que echar a toda esa gente.

Los inmortales como Brouwkoe lo eran, y se regeneraban, más conforme más gente les rodeaba. Y ahí residía su fuerza, y su interés.

Lo mejor que pude idear en aquel momento fue originar un fuego en los baños, y hacer sonar la alarma. Todos se alejaban despavoridos de allí, haciendo vulnerable a Brouwkoe. Pero faltaban los de su gabinete, y sus otros guardas, que no se irían sin rescatarle.

Para ello me coloqué en un punto estratégico por el que subir a su habitación, y les fui deteniendo a golpes de cuchillo según se acercaban. El fuego y la sangre crecían a mi alrededor, pero no tenía tiempo para pararme a reflexionar, para plantear si hacía lo correcto: había que detener a Brouwkoe, y esa era la única forma.

Cuando el político empezó a debilitarse, Paul corrió hacia mi posición, quitándome de en medio a dos que me habían acorralado a disparos, y nos alejamos de allí, matando a los que continuaban entrando para buscar y rescatar a su amado líder, aunque fueran inocentes.

febrero 04, 2012

11 Llenas palabras vacías


Peor que un inmortal más viejo que tú es una más joven, recien descubierta su naturaleza. Detuvimos a muchos, de los que trataban de imponer su pequeño o gran imperio. Pero sin duda aquel político fue el peor de todos.

- No huyan, no se marchen, no se escondan. No es tiempo de desaparecer, sino de iluminar. Cada uno porta una llama única, y hasta ahora nos habían pedido que nos quedáramos en nuestro espacio, iluminando nuestra zona. Yo os digo que salgáis, que os unáis a mi, que luchéis por la verdad, que juntéisf vuestras llamas para que entre todos iluminemos el mundo -.

La gente aplaudía enloquecida. Aquel hombre de mediana edad, buena presencia y mejor oratoria les decía lo que querían oír tras tiempos de miseria: que se unieran para crear una sociedad más comprometida unos con otros y con el estado, pero también más sumisa por este.

- Te siguen porque les sacas de la nada, pero les conduces al vacío – le respondí cuando hablábamos en su despacho.

Sus dos guardaespaldas nos miraban desconfiantes. Paul y yo habíamos conseguido que nos citara en su despacho, con pretextos políticos. Pero fue tan solo para conocerle un poco más, no pretendíamos nada más.

- El vacío es espacioso, Señor Heredia. Los que quieren vivir en el todo terminan echando gente fuera. Mi propósito de unión engloba a todos, a usted también si quiere. Intento devolver grandeza a esta sociedad, si todos colaboramos…

- No sé por qué diría que es la unión la causa de su, y solo su grandeza, señor Broukoe -.

En ese momento se dio cuenta de que sabíamos de su naturaleza. Él no sabía leer la nuestra en los ojos, era muy joven aún. Aquello le asustó, y nos despidió. Pero ya teníamos lo que buscábamos, tan solo faltaba trazar el plan.